Los torpederos rusos de la clase Pernov: columna vertebral del arma torpedera imperial
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Construidos entre 1891 y 1900, los Pernov no solo marcaron un salto técnico respecto a los primeros torpederos experimentales, sino que se convirtieron en el modelo estándar de torpedero “grande” de la Marina Imperial. Con un total de 25 unidades, cuentan en Topwar, ninguna otra clase de este tipo alcanzó una producción tan amplia en Rusia antes de la Primera Guerra Mundial.
Un diseño extranjero, una producción nacional
Cuando el Ministerio de Marina aprobó en 1890 un ambicioso programa de armamento naval que incluía la construcción de 50 torpederos de 120 toneladas, Rusia carecía todavía de un diseño propio plenamente satisfactorio. Las experiencias con modelos extranjeros, como los torpederos alemanes Schichau, habían resultado decepcionantes. Por ello, se optó por estudiar propuestas francesas y británicas.
Torpedero alemán de la clase Schichau
El contrato inicial se otorgó a la empresa francesa Normand, que construyó el primer buque de la clase, el Pernov, botado en 1892. Este barco sirvió como prototipo y banco de pruebas: fue examinado en distintos astilleros rusos para facilitar la producción en serie dentro del país. A partir de él, la construcción se repartió entre varios centros industriales del Imperio, desde el astillero Crichton en Turku hasta las fábricas Izhora, Nevski y el Almirantazgo de Nikoláiev.
Gracias a este esfuerzo coordinado, la clase Pernov se convirtió en la más numerosa de los grandes torpederos rusos, con unidades destinadas al Báltico, el mar Negro y la Flotilla Siberiana.
Torpedero imperial ruso ‘Pernov’.
Características técnicas
Los torpederos de la clase Pernov desplazaban unas 120 toneladas y medían 42 metros de eslora, con una manga de 4,5 metros y un calado de algo más de dos metros. Estaban propulsados por dos calderas de tres tambores y dos máquinas de vapor de triple expansión, que transmitían su potencia a dos ejes.
Este sistema les permitía alcanzar una velocidad máxima de 26 nudos, una cifra notable para la época, y una autonomía de unas 550 millas náuticas a velocidad económica. Su armamento consistía en tres tubos lanzatorpedos de 381 mm y dos cañones de 37 mm, lo que los convertía en plataformas de ataque eficaces contra buques mayores. La dotación habitual era de 24 hombres, incluidos dos oficiales.
Del apogeo a la retirada
La mayoría de los torpederos Pernov sirvieron en la Flota del Báltico, aunque cuatro fueron asignados al mar Negro y otros cuatro a la Flotilla Siberiana, con base en Vladivostok. A partir de 1895, como era habitual en la marina rusa, muchos de ellos perdieron sus nombres originales y pasaron a identificarse por números.
Con el paso de los años, y ante la rápida evolución de la tecnología naval, gran parte de la clase fue retirada antes incluso del estallido de la Primera Guerra Mundial. Algunos barcos se perdieron en accidentes, como el n.º 136, que se hundió en el golfo de Finlandia en 1912, o en combate, como el n.º 208, destruido por una mina durante la guerra ruso-japonesa de 1904.
Torpedero imperial ruso n.º 208.
Guerra, revolución y ocaso
Las unidades que permanecían en servicio participaron en la Primera Guerra Mundial realizando tareas secundarias pero esenciales: escolta de convoyes, dragado de minas y servicio de enlace. Durante la Revolución rusa y la posterior guerra civil, muchos de estos buques cambiaron de manos varias veces, pasando por el control alemán, aliado, blanco y finalmente bolchevique.
Algunos torpederos de la clase Pernov llegaron a servir brevemente en la Marina Soviética, pero su destino ya estaba sellado. Entre 1923 y 1925, las últimas unidades fueron dadas de baja y enviadas al desguace, cerrando así más de tres décadas de servicio.
Torpedero imperial ruso ‘Pakelot’ atracado en Austria-Hungría.