Así llegó el Transiberiano ruso a… ¡París!

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En la Exposición Universal de 1900, el pabellón ruso causó auténtica sensación. Los visitantes podían sentarse en un vagón de tren y contemplar cómo los paisajes de Rusia “pasaban” ante sus ventanas.

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En 1891 comenzó la construcción del Ferrocarril Transiberiano, la línea ferroviaria más larga del mundo. El Comité del Ferrocarril de Siberia encargó al pintor Pável Piasetski que documentara el avance de las obras. El artista comenzó su trabajo en 1894 y lo terminó en 1903. Durante los veranos y principios de otoño viajaba a los distintos tramos de la línea, comenzando su recorrido en Sizran y terminándolo en Vladivostok.

baikal-pereprava.ru
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Tenía a su disposición dos vagones: en uno dormía y en el otro dibujaba las estaciones, los puentes y las ciudades que encontraba a su paso. Cada metro de sus dibujos representaba varios kilómetros de recorrido.

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El resultado final fueron diez rollos de acuarelas de unos 50 centímetros de ancho y entre 54 y 133 metros de largo. La longitud total del panorama superaba los 900 metros.

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Precisamente esta obra sirvió de base para una instalación del pabellón ruso de la Exposición Universal que dejó boquiabierto a París.

La Exposición Universal

Dominio público
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La Exposición Universal se celebró en la capital francesa del 15 de abril al 12 de noviembre de 1900 y estuvo dedicada a la llegada del nuevo siglo XX y al progreso tecnológico. Participaron 35 países, pero la presencia del Imperio ruso resultó especialmente impresionante.

Brooklyn Museum/Flickr
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La exposición principal se instaló en el llamado “Pabellón de las Regiones Periféricas de Rusia”, un conjunto arquitectónico inspirado en los kremlins de Moscú y Kazán. A diferencia de los pabellones de otros países, estaba construido en ladrillo y decorado con numerosos relieves.

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Rusia presentó locomotoras de vapor, piezas de fundición artística de hierro de Kasli, objetos de la vida cotidiana y muestras de artesanía tradicional. En total, obtuvo 1.589 premios.

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Sin embargo, la verdadera sensación fue el pabellón dedicado al Ferrocarril Transiberiano.

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Su interior recreaba una estación ferroviaria de Moscú, punto de partida de los trenes del Transiberiano. El convoy estaba formado por tres vagones: uno dormitorio, un coche salón y un coche restaurante. Podía acoger simultáneamente a 125 personas.

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Los visitantes ocupaban sus asientos y contemplaban cómo los paisajes rusos pintados por Piasetski “desfilaban” ante las ventanas. Unos dispositivos especiales reproducían incluso las sacudidas del tren.

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El panorama estaba compuesto por varias capas móviles: los dibujos del recorrido del Transiberiano se desplazaban ante imágenes de montañas, bosques y ciudades. Cada capa se movía a una velocidad diferente, desde 5 hasta 300 metros por minuto, creando la ilusión de un auténtico viaje ferroviario.

El “viaje” duraba 30 minutos.

 Dominio público
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Por su trabajo, Piasetski recibió la Orden de la Legión de Honor de Francia y una medalla de oro de la exposición.

El panorama volvió a exhibirse posteriormente en la Exposición Universal de 1904, celebrada en Estados Unidos. Después pasó a los fondos del Museo del Hermitage, donde se conserva hasta nuestros días.

Dominio público
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Actualmente, puede contemplarse una versión digitalizada de esta extraordinaria obra en el Museo de los Ferrocarriles de San Petersburgo.