Cómo la Gran Guerra del Norte convirtió a Rusia en un imperio (CUADROS)
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Gustav Cederström. ‘La victoria de Narva’ (1905)
A comienzos del siglo XVIII, una coalición formada por Rusia, Dinamarca, la Mancomunidad de Polonia-Lituania y Sajonia desafió a la poderosa Suecia, que dominaba el norte de Europa y prácticamente había convertido el mar Báltico en su propio lago. Sin embargo, el comienzo de las hostilidades resultó catastrófico para los aliados. La audaz ofensiva del rey sueco Carlos XII contra Copenhague obligó a los daneses a abandonar la guerra, los sajones no lograron tomar Riga y el ejército ruso sufrió una dura derrota en Narva.
Mitrofán Grékov. ‘Ataque de los dragones de Yaroslavl contra los suecos cerca de la aldea de Erestfer el 29 de diciembre de 1701’ (1914)
Después de Narva, Carlos XII consideró que los rusos estaban acabados y centró su atención en otros escenarios de la guerra. Esto dio tiempo a Pedro I para reorganizar su ejército y acelerar su modernización. Poco después, las tropas rusas volvieron a penetrar en los territorios bálticos controlados por Suecia y obtuvieron su primera gran victoria cerca de la finca de Erestfer.
Alexánder von Kotzebue. ‘Asalto a la fortaleza de Nöteborg el 11 de octubre de 1702’ (1846)
Mientras Carlos XII combatía con éxito en territorio polaco, Pedro I puso sitio a la fortaleza sueca de Nöteborg, que anteriormente había sido la fortaleza rusa de Oréshek. Los rusos consiguieron tomarla después de un duro asalto de trece horas. Tras la victoria, el zar rebautizó Oréshek como Shlisselburg, la ‘ciudad llave’ que abría el camino hacia la desembocadura del Nevá.
Nikolái Sauerweid. ‘Pedro I contiene a sus enfurecidos soldados durante la toma de Narva en 1704’ (1859)
En 1704, las tropas rusas regresaron ante las murallas de Narva. Esta vez la suerte estuvo de su lado: el 20 de agosto cayó la fortaleza. Una semana después se rindió la guarnición de la fortaleza de Ivángorod, situada apenas a unos cientos de metros, al otro lado del río.
Jean-Marc Nattier. ‘Batalla de Lesnaya’ (1717)
Para el otoño de 1708, Carlos XII había conseguido dividir Polonia y sacar a Sajonia de la guerra. Decidió entonces acabar con Pedro I y marchó hacia Ucrania, donde lo esperaba Iván Mazepa, hetman de los cosacos de Zaporozhia, que se había pasado al bando sueco.
El cuerpo del general Adam Lewenhaupt avanzó para reunirse con el rey transportando un enorme convoy de suministros. El 9 de octubre, cerca de la aldea de Lesnaya, en las proximidades de Moguiliov, Pedro I interceptó y derrotó a Lewenhaupt, privando de golpe a Carlos XII de importantes recursos y reservas.
Alexánder von Kotzebue. ‘La victoria de Poltava’ (1862)
El 8 de julio de 1709 tuvo lugar cerca de Poltava la batalla decisiva de la Gran Guerra del Norte, en la que las tropas rusas infligieron una aplastante derrota al enemigo. El ejército sueco perdió en combate a más de 6.000 hombres y alrededor de 15.000 se rindieron. Las pérdidas rusas se estiman en unos 5.000 hombres.
Carlos XII y Mazepa consiguieron escapar a territorio del Imperio otomano. La derrota quebró el poder militar sueco y animó a daneses y sajones a reincorporarse a la guerra. Durante los años siguientes, Rusia se hizo con el control de todos los territorios bálticos suecos.
Alexéi Bogoliúbov. ‘Batalla de Gangut, 27 de julio de 1714’ (1877)
Tras derrotar a los suecos en tierra, Rusia desafió también su dominio marítimo. En el verano de 1714, frente al cabo Gangut (la península de Hanko), en el golfo de Finlandia, la flota regular creada por Pedro I consiguió su primera gran victoria.
Más de un centenar de galeras se aproximaron a la escuadra enemiga y los marineros rusos abordaron los diez barcos de vela suecos. A la victoria de Gangut le siguieron importantes triunfos frente a las islas de Ösel y Grengam, mientras que la flota rusa llegó incluso a realizar desembarcos en los alrededores de Estocolmo. Exhausta y debilitada, Suecia solicitó la paz.
Pieter Schenk el Joven. ‘Firma del tratado de paz de Nystad el 30 de agosto de 1721’ (1721)
Según las condiciones del tratado de paz firmado en 1721 en Nystad (actual Uusikaupunki, en Finlandia), Rusia obtuvo en posesión plena y perpetua Ingria (actual región de Leningrado), Livonia (centro y norte de Letonia), Estonia y la parte sudoriental de Finlandia.
En noviembre de ese mismo año, Pedro I adoptó el título de emperador. De este modo, Rusia se proclamaba oficialmente imperio, aunque en Europa ya había comenzado a ser considerada como tal desde la victoria de Poltava.