¿Por qué la vanguardia rusa se inspiró en… los iconos? (FOTOS)
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Ya en la segunda mitad del siglo XIX se puso de moda entre los artistas coleccionar iconos. Los líderes de la vanguardia Mijaíl Lariónov y Natalia Goncharova también fueron apasionados coleccionistas de iconos y lubok (estampas populares rusas), que contemplaban no tanto como objetos religiosos, sino como un importante fenómeno estético.
Mijaíl Lariónov, circa 1916-1917
A comienzos del siglo XX tuvo lugar además en Rusia un acontecimiento cultural de enorme importancia: el “descubrimiento” de antiguos iconos que durante siglos habían permanecido ocultos bajo capas de barniz oscurecido y repintes posteriores. Especialmente significativa fue la restauración de la Trinidad de Andréi Rubliov en 1905. Una vez limpiados, los iconos se mostraron ante el público como obras de colores vivos, formas concisas y una extraordinaria expresividad. Aquello impresionó no solo a los historiadores del arte, sino también a los artistas. No resulta extraño que poco después los iconos comenzaran a ser objeto de análisis y reinterpretación.
Andréi Rubliov, "La Trinidad"
Los artistas de vanguardia no tomaron de los iconos sus temas, sino sus principios de construcción de la imagen. Los recursos formales de la pintura de iconos, considerados durante siglos ‘incorrectos’ desde el punto de vista de la pintura académica, resultaron de pronto sorprendentemente cercanos a la búsqueda de un arte nuevo. Un ejemplo es la “perspectiva inversa”, en la que las líneas no convergen hacia el fondo del cuadro, sino hacia el espectador, creando la sensación de que la imagen avanza hacia quien la contempla. Los vanguardistas adoptaron este recurso en su búsqueda de una nueva percepción del mundo.
También les atrajo el carácter deliberadamente convencional de las imágenes de los iconos. Los personajes y objetos carecen de volumen y se sitúan en un mismo plano. Este rechazo de la imitación del mundo tridimensional se convirtió en una de las bases de numerosas corrientes de vanguardia. Los pintores de iconos utilizaban además colores puros y brillantes (rojo, azul, dorado) y contornos claramente definidos, que otorgaban una gran expresividad a las imágenes.
Cuadrado negro. 1915
Los vanguardistas también se sintieron atraídos por estos recursos. Para muchos de ellos, especialmente Vasili Kandinski y Kazimir Malévich, el arte constituía una forma de conocimiento espiritual. Buscaban un arte ‘puro’, liberado del peso de lo cotidiano y de la representación de objetos, del mismo modo que el icono constituye una ventana hacia el mundo divino. El célebre Cuadrado negro de Kazimir Malévich suele considerarse una especie de ‘icono de los nuevos tiempos’: una imagen no figurativa que simboliza el ‘cero de las formas’, un nuevo comienzo y la energía pura.
Vasili Kandinski
La teoría del “rayonismo” de Mijaíl Lariónov estuvo inspirada en buena medida por la pintura de iconos. El artista estableció conscientemente una relación entre el nuevo arte y el icono. En 1913 llegó incluso a organizar simultáneamente una exposición de sus obras vanguardistas y otra de iconos pertenecientes a su propia colección, con el propósito de subrayar el parentesco entre ambas.
Evangelistas. Tetráptico
Las obras de Natalia Goncharova de este periodo, incluida la serie Evangelistas (1910-1911), remiten directamente a las imágenes de la pintura de iconos, aunque reinterpretadas según los principios de la vanguardia.