¿Por qué prohibió el Santo Sínodo estos iconos?
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El icono regalado a la emperatriz representaba la Trinidad, pero de una manera muy poco habitual. Desde la tabla contemplaba al espectador una criatura con cuatro ojos: tres cabezas (las de Dios Padre, el Hijo y el Espíritu Santo) surgían de un único cuerpo.
Se trataba de uno de los llamados iconos de “hipóstasis fusionadas”, que llegaron a Rusia desde Occidente en el siglo XVIII. Allí, una tradición pictórica semejante existía desde el siglo XII. Los artistas católicos representaban la Trinidad mediante tres figuras idénticas o como un ser de tres cabezas, con el propósito de hacer comprensible incluso para los campesinos el principio de la unidad de las hipóstasis divinas y la idea de que el Espíritu Santo procede tanto de Dios Padre como de Dios Hijo.
En Europa, las representaciones “tricéfalas” fueron prohibidas en varias ocasiones, entre ellas durante el Concilio de Trento, iniciado en 1545. En 1628, el papa Urbano VIII las declaró heréticas. Recordaban demasiado a divinidades paganas de múltiples rostros.
En Rusia, los iconos de “hipóstasis fusionadas” también fueron prohibidos, en 1764, por considerarse representaciones no canónicas y deformes. Según la tradición ortodoxa, únicamente Cristo puede ser representado con apariencia humana, pero no Dios Padre ni el Espíritu Santo, ya que estos no tuvieron una encarnación humana.
El Santo Sínodo ordenó retirar inmediatamente los iconos considerados dudosos y volver a pintarlos de acuerdo con las tradiciones existentes.
Sin embargo, algunos ejemplares han sobrevivido hasta nuestros días. Por ejemplo, el Museo Regional de Sverdlovsk conserva un icono de “hipóstasis fusionadas” de 1729 que en su día decoró la catedral de la Anunciación de Tiumén.