¿Por qué Pedro I provocó la muerte de su propio hijo?
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El joven estudiaba sin entusiasmo y no mostraba ningún interés por los asuntos de gobierno ni por las campañas militares. El enérgico y apasionado zar no encontró en su hijo esas mismas cualidades. “Totalmente incapaz de gobernar los asuntos del Estado”, afirmaba de él.
En 1715, tanto el zar como Alexéi tuvieron hijos varones, ambos llamados Pedro. La aparición de “herederos alternativos” dio más libertad al gobernante, que lanzó un ultimátum a su hijo mayor: o cambiaba de actitud o se retiraba a un monasterio. “Y si no lo haces, te trataré como a un criminal”, añadió.
La respuesta fue la huida del zarévich al extranjero. Encontró refugio con su pariente, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos VI. Alexéi declaró sus aspiraciones al trono ruso, y los austriacos comenzaron a considerar cómo aprovechar mejor al fugitivo.
Los diplomáticos rusos lograron convencerlo de regresar a su patria. Pedro le prometió el perdón, pero en la práctica fue distinto. Alexéi fue obligado a renunciar a sus derechos al trono y luego acusado de traición “a su soberano y a su propio padre”.
El zar vio en su hijo la figura central de una conspiración reaccionaria destinada a destruir todo lo que él había creado. Varios de sus allegados fueron ejecutados, y el propio Alexéi fue condenado a muerte. Sin embargo, no llegó a ser ejecutado: murió a causa de las torturas el 7 de julio de 1718. Y al día siguiente, su padre celebraba y se divertía en las festividades por el aniversario de la victoria en la batalla de Poltava.