Cuando un ‘príncipe soviético’ obtuvo una Medalla de Oro en la Exposición de París
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En la Exposición Universal de París de 1925, la Unión Soviética causó sensación y obtuvo más de 180 premios, entre ellos sesenta Medallas de Oro. Una de las últimas fue ganada por el príncipe Vladímir Golitsin. En París, el público admiró sus cajas lacadas realizadas en estilo ruso antiguo. Una estaba inspirada en un viaje del artista desde Arcángel hasta Noruega; la otra narraba escenas de la Moscú de los años veinte.
Vladímir Golitsin
Golitsin era nieto del gobernador de Moscú, el príncipe Vladímir Golitsin. Ya durante sus estudios en el gimnasio se apasionó por el dibujo. Tras la Revolución, tuvo que olvidarse de los títulos nobiliarios, pero el joven artista no huyó, sino que intentó encontrar su propio camino en el nuevo Estado.
Trabajó en las famosas Ventanas ROSTA, estudió con reconocidos pintores como Piotr Konchalovski y Konstantín Yuon. Su segunda pasión era el mar: a comienzos de la década de 1920 participó en una de las primeras expediciones soviéticas al Océano Ártico, realizó un viaje a Nueva Zembla y colaboró en la construcción del primer buque soviético de investigación científica, el Perséi. Trasladaba sus impresiones al papel y más tarde empezó también a crear bocetos para distintas cajas lacadas.
Creó numerosas ilustraciones para libros, inventó juegos de mesa para niños y colaboró con el Museo de Artes Populares. A causa de su origen noble fue arrestado tres veces, pero sus amigos artistas lograron sacarlo de prisión en cada ocasión. En 1941 volvió a ser detenido: fue condenado a cinco años en un campo de la isla de Sviyazhsk, donde murió a los 41 años.