¿Por qué en el Ejército Rojo no se llevaron hombreras hasta mediados de la Segunda Guerra Mundial?
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En los primeros años del poder soviético, la palabra ‘oficial’ era casi un insulto. Se asociaba directamente con el régimen zarista y con el movimiento contrarrevolucionario, ya que los llamados ‘charreteras doradas’ constituían el núcleo de las fuerzas blancas que combatieron contra los bolcheviques en la Guerra Civil.
Por eso, en el Ejército Rojo no había “oficiales”, sino “comandantes”, y se renunció deliberadamente al uso de hombreras. En su lugar se utilizaban insignias en el cuello.
Con el tiempo, las tensiones se suavizaron y las autoridades recuperaron el recuerdo de las páginas heroicas de la historia militar rusa. Así, en 1940 se introdujeron los rangos de generales y almirantes, que hasta poco antes estaban asociados exclusivamente con los líderes del movimiento blanco.
En enero de 1943, justo después de la victoria en Stalingrado, se restablecieron las hombreras en sustitución de las insignias de cuello. “Nuestro deber es tomar lo mejor de las tradiciones militares del antiguo ejército ruso e incorporarlas. Somos los legítimos herederos de la gloria militar rusa y, como buenos administradores, debemos conservar y multiplicar este valioso legado”, escribía el periódico Krásnaya Zvezdá.
Las fuerzas armadas ya estaban moralmente preparadas para este cambio, y la reforma no provocó rechazo. Al contrario, fue bien recibida.
“Muchos comandantes señalaban que con las insignias existentes era difícil distinguir a un soldado de un sargento, y a un sargento de un oficial. La introducción de las hombreras permitió identificar claramente a los mandos y hacerlos visibles entre el resto”, recordaba el general Andréi Jruliov.