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¿Cómo pasaban el tiempo libre los soldados soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial? (Fotos)

El amor por la lectura no solo entretenía a los combatientes, sino que también les salvaba la vida. En ocasiones, balas y fragmentos de metralla quedaban atrapados en gruesos tomos escondidos bajo la guerrera.

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En los raros momentos de calma y descanso, los soldados soviéticos solían reunirse, jugar a las cartas o al dominó y conversar sobre su vida antes de la guerra, el hogar y la familia. Estas conversaciones eran una forma eficaz de descargar tensión antes del siguiente combate.

En casi cada unidad había combatientes con talento que formaban pequeños grupos artísticos y actuaban ante sus compañeros. “En la compañía había varios acordeones y bayanos; en el tiempo libre nos reuníamos, escuchábamos canciones y contábamos historias sobre la vida antes de la guerra”, recordaría el conductor Mijaíl Sandler.

A veces llevaban cine al frente o acudían artistas profesionales. Actuaban en comedores de campaña, hospitales o en escenarios improvisados sobre camiones con las plataformas abatidas. Sin embargo, los soldados en primera línea rara vez los veían, ya que estos conciertos solían celebrarse a 30-40 kilómetros de la línea de combate.

Muchos disfrutaban leyendo en su tiempo libre. No había bibliotecas en las divisiones, así que pedían libros a sus familiares por correo o los encontraban en casas destruidas. “Echo terriblemente de menos los libros. En una aldea encontramos un ejemplar de ‘Eugenio Oneguin’ y lo leímos hasta desgastarlo; en cada minuto libre lo leíamos en voz alta con entusiasmo”, escribió a casa la instructora sanitaria Ariadna Dobrosmíslova.

O.Knorring/Krasnaya Zvezda / TASS

A veces un libro salvaba literalmente la vida. Una bala alcanzó al soldado Gueorgui Leónov en la novela Pedro el Grande de Alexéi Tolstói que llevaba escondida bajo la guerrera, y un fragmento de proyectil quedó incrustado en un tomo de poemas de Pushkin que llevaba el teniente mayor Piotr Mishin.

Sin embargo, por encima de todos los demás entretenimientos, los soldados valoraban el sueño. El veterano Nikolái Cherviakov recordaba: “Después de caminar unos treinta kilómetros bajo la lluvia otoñal con todo el equipo, uno queda tan agotado que ya ni piensa en la muerte. Solo quiere caer y dormir. Aunque me maten, gracias a Dios, al menos descansaré”.