El general soviético al que los nazis liberaron con la promesa de no volver a luchar contra ellos
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Ser capturado por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial suponía un auténtico infierno, no solo para los soldados del Ejército Rojo, sino incluso para los generales. Los nazis trataban sin respeto alguno: los torturaban, los dejaban morir de hambre y, en muchos casos, los ejecutaban sin motivo.
La libertad solo podía obtenerse de dos formas: escapando del campo o colaborando con el enemigo. Sin embargo, existía una tercera opción: prometer no volver a luchar contra Alemania. Esta fue, precisamente, la oferta que recibió el general Tõnis Rotberg.
Rotberg había sido general de división en el ejército estonio y asistente del ministro de Defensa. Tras la anexión de Estonia por la URSS en 1940, él mismo pasó a ocupar el cargo de ministro de Defensa en el nuevo gobierno soviético estonio.
Al inicio de la invasión alemana de la URSS, el general servía como intendente del 22.º Cuerpo de Fusileros Territorial Estonio, formado por antiguos miembros del ejército estonio. En los primeros días de la guerra, muchos de ellos desertaron en masa y se pasaron al enemigo.
Rotberg fue capturado en julio de 1941. Un año después, los alemanes le ofrecieron unas condiciones de liberación sorprendentemente indulgentes: firmar una declaración comprometiéndose a no participar en la lucha contra el ejército alemán. Los nazis solían tratar a los estonios mucho mejor que a los “eslavos racialmente inferiores” o incluso que a sus vecinos letones y lituanos.
El general aceptó y, tras su liberación, vivió en Tallin y en su granja cerca de Viljandi. Sin embargo, cuando el Ejército Rojo liberó Estonia en 1944, fue arrestado por los servicios secretos soviéticos.
Rotberg fue acusado de haberse rendido sin ofrecer resistencia y de haber vivido durante tres años en territorio ocupado sin intentar regresar a las líneas soviéticas.
En 1951 fue condenado a 25 años en un campo de trabajo, y dos años después murió en el campo de Taishet, en Siberia. En 1957, el general fue rehabilitado póstumamente.