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Borís Rosinski, el ‘abuelo de la aviación rusa’

Yákov Berliner / Sputnik
Así fue como Vladímir Lenin apodó al legendario piloto. Rosinski sorprendió al líder soviético el 1 de mayo de 1918, cuando durante un desfile aéreo realizó dieciocho rizos completos.

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Su primer vuelo lo hizo en un planeador casero hecho de bambú. Y aprendió a volar de verdad en Francia, tan hábilmente que el inventor francés Louis Blériot incluso le regaló un avión de su propia creación.

En los años 1910 Rosinski voló por todo el imperio, difundiendo los logros de la aviación. Uno de sus vuelos casi terminó en tragedia: tuvo que someterse a un largo tratamiento de la columna vertebral.

Sputnik

El futuro “abuelo” literalmente vivía en el aeródromo. La Duma municipal de Moscú le permitió construir en el campo de Jodynka un hangar donde no solo guardaba el avión, sino que también se instaló una vivienda.

En 1912 Rosinski se convirtió en piloto de pruebas de la fábrica aeronáutica Dux. Durante la Primera Guerra Mundial probaba entre 5 y 6 aviones al día; en total, voló más de mil quinientas máquinas.

Después de la Revolución, Borís Rosinski combinó el trabajo de piloto de pruebas con el cargo de jefe del “Laboratorio Volador”, un aparato destinado a realizar investigaciones científicas. Este laboratorio hizo una contribución significativa a la mejora de la seguridad de los vuelos y de las cualidades aeronáuticas de los aviones.

Yuri Ivanov / Sputnik

Más adelante, Rosinski volvió a realizar vuelos de agitación propagandística por todo el país y luego desapareció de la vida pública durante un tiempo. Volvió a hacer hablar de sí mismo en 1962, cuando ya tenía casi ochenta años. El “abuelo de la aviación rusa” pidió ser admitido en el Partido Comunista; las autoridades tuvieron en cuenta los méritos del veterano y lo aceptaron sin exigirle el periodo de candidato.

Borís Rosinski falleció en Moscú en 1977 a los 92 años.