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Participante de ‘El maestro ruso en el extranjero’: comparte su experiencia pedagógica en Venezuela

Servicio de Prensa del Ministerio de Educación de la Federación Rusa
Yulia Molchánova, participante del programa, explica cómo sustituye las lecciones magistrales por carteles, maquetas y trabajo en equipo, y por qué recomienda viajar con los propios materiales educativos.

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El proyecto humanitario internacional "El maestro ruso en el extranjero" se erige como un puente estratégico entre culturas. Su objetivo primordial es la promoción de la lengua rusa y de los logros del sistema educativo de Rusia en el escenario mundial. La singularidad de este proyecto reside en su formato: es implementado por el Ministerio de Educación de la Federación de Rusia en colaboración con los ministerios de educación nacionales de los países socios. Por parte rusa, el operador del proyecto es el Centro de Cooperación Internacional del Ministerio de Educación de la Federación Rusa. Esta estrecha cooperación permite integrar las mejores prácticas pedagógicas rusas en los sistemas educativos extranjeros, creando así un espacio común para el intercambio de conocimientos. Nuestros docentes se convierten en auténticos embajadores de la cultura, ayudando a miles de niños en todo el mundo a descubrir la riqueza del idioma ruso y a recibir una educación de calidad conforme a los estándares rusos.

El proyecto se puso en marcha en 2017 y en la actualidad se desarrolla en más de 25 países. En 2024 se sumó Venezuela. En la actualidad, dos docentes trabajan en el país impartiendo clases de lengua rusa en tres escuelas y la cobertura total de alumnos a enero de 2026 asciende a 349 alumnos.

Yulia Molchánova, participante del proyecto que trabaja en la Isla de Margarita, en Venezuela, ha compartido su singular experiencia docente en este país.

Cerca de medio centenar de alumnos y buen dominio del español: los desafíos del panorama educativo venezolano

Servicio de Prensa del Ministerio de Educación de la Federación Rusa

La escuela pública en Venezuela presenta un panorama educativo radicalmente distinto al de los estándares rusos. Para un docente llegado de Rusia, la adaptación no exige únicamente un cambio de idioma, sino también una reestructuración profunda del enfoque pedagógico.

En las aulas venezolanas suele haber un número considerable de niños (hasta 45). Esto supone una carga importante para el docente, pues debe establecer comunicación con cada alumno en una lengua que no es la materna, y habituarse a su carácter y costumbres. En lo que respecta a la comunicación, el dominio del español resulta imprescindible, ya que los habitantes del lugar recurren muy raramente al inglés.

Según relata Yulia Molchánova, el modelo clásico de “el profesor en la pizarra y los alumnos en los cuadernos” apenas funciona aquí, por lo que es necesario encontrar un enfoque individualizado para cada estudiante.

“Los niños de aquí no están acostumbrados al aprendizaje memorístico. Intentar que aprendan una regla de memoria se enfrenta a una incomprensión genuina: ¿para qué, si se puede debatir y hacer un proyecto? En su lugar, el énfasis recae en el debate y el trabajo colectivo. El método principal para afianzar los contenidos es la creación de carteles, folletos o maquetas en pequeños grupos”, explicó la docente.

La carga lectiva en la escuela es de 27 a 30 horas semanales, y las clases comienzan a las 7 de la mañana. Sin embargo, como señala la profesora, los estudiantes venezolanos no se caracterizan por su puntualidad.

“Los retrasos de 20 a 25 minutos son algo habitual. Los primeros meses los dediqué a establecer límites de manera suave pero firme. Al mismo tiempo, los niños son increíblemente afectuosos y receptivos; valoran la atención y el enfoque creativo”, dijó Yulia Molchánova.

La escuela venezolana: una temprana inserción en la profesión

Servicio de Prensa del Ministerio de Educación de la Federación Rusa

La educación escolar en Venezuela se distingue por una orientación profesional temprana de los alumnos. En la Isla de Margarita, Yulia Molchánova trabajó con adolescentes de 13 a 16 años que ya habían elegido la especialización en Turismo.

“A diferencia de las escuelas rusas, en Venezuela los niños pueden obtener una especialización ya en la educación secundaria y comenzar a trabajar inmediatamente después de graduarse, sin necesidad de pasar por un colegio universitario o una universidad. Esto les permite centrarse únicamente en aquellas materias que les serán útiles en su futura profesión”, explicó la pedagoga.

Asimismo, Yulia Molchánova subrayó que la mayoría de las instituciones educativas del país están escasamente equipadas: es preferible llevar consigo materiales didácticos, papel, artículos de papelería, presentaciones y material de reparto para poder impartir las clases de su asignatura con plenas garantías. También es necesario tener en cuenta las realidades económicas y cotidianas del país, y buscar oportunidades para resolver creativamente los problemas que vayan surgiendo.

“Otro detalle es la ubicación de las dos escuelas en las que trabajo: el Doctor Luis Ortega y la técnica Gran Mariscal de Ayacucho. Las separan unos 30 kilómetros, así que elegí una vivienda en un punto intermedio para poder desplazarme cómodamente a cada una de ellas en días alternos. Sin embargo, en ocasiones, para resolver asuntos organizativos, necesito acudir a ambas escuelas el mismo día. En coche, el trayecto supone al menos 40 minutos por trayecto”, relató la maestra.

El principal consejo que Yulia Molchánova ofrece a quienes estén considerando la posibilidad de trabajar en este país como docente escolar es buscar constantemente el equilibrio entre la flexibilidad, la creatividad y la capacidad de encauzar con suavidad la energía de aulas numerosas y ruidosas hacia un cauce productivo.