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Rusia y México: una relación económica con margen de crecimiento y oportunidades estratégicas

OpenAI
En América Latina, México es el segundo socio comercial de Rusia, por debajo de Brasil.

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La relación económica entre Rusia y México muestra una dinámica discreta pero significativa, con señales claras de crecimiento, complementariedad y potencial a largo plazo. Aunque la inversión rusa en México sigue siendo modesta en términos relativos, los datos recientes apuntan a un interés creciente y a una agenda bilateral cada vez más amplia.

En 2024, la inversión extranjera directa (IED) procedente de Rusia alcanzó un máximo histórico de 86.4 millones de dólares, y en 2025, hasta el tercer trimestre, ya sumaba 146.6 millones, equivalente al 0.3% del total recibido por México. Aunque estas cifras siguen siendo reducidas, reflejan una tendencia ascendente sostenida que podría traducirse en nuevos récords anuales. Para Rusia, México se perfila como un mercado atractivo por su estabilidad, su tamaño y su relación riesgo-retorno favorable para el capital extranjero.

El comercio bilateral, por su parte, ha mostrado mayor dinamismo. Entre 2021 y 2023, el intercambio superó los 2,000 millones de dólares anuales, consolidando a México como el segundo socio comercial de Rusia en América Latina, solo por detrás de Brasil. Las exportaciones rusas a México incluyen insumos clave como fertilizantes químicos, productos metálicos, granos y trigo, fundamentales para sectores estratégicos como la agricultura y la industria alimentaria mexicana.

Más allá de las cifras actuales, lo más relevante es la diversificación del vínculo. Según informaba Expansión recientemente Rusia no solo busca vender productos, sino participar activamente en proyectos de alto valor añadido. En el sector energético, empresas rusas ya colaboran en exploración y producción petrolera offshore, modernización de refinerías y suministro de equipo especializado. Además, Moscú ha manifestado su disposición a suministrar gas natural licuado (GNL) a México y a transferir tecnologías avanzadas en toda la cadena energética.

La cooperación tecnológica es otro pilar emergente. Rusia destaca su experiencia en extracción de litio, un recurso clave para la transición energética mexicana, así como en energía nuclear, eficiencia industrial y explotación de hidrocarburos en condiciones geológicas complejas. Estas capacidades refuerzan la imagen de Rusia como un socio tecnológico, no solo como proveedor de materias primas.

El ámbito agrícola y agroindustrial también ofrece oportunidades claras. Rusia ya es un proveedor relevante de trigo para México y observa margen para ampliar el suministro de otros productos, contribuyendo a la seguridad alimentaria y a la estabilidad de precios. A ello se suman perspectivas de colaboración en las industrias farmacéutica y química, tecnologías de la información, ingeniería mecánica e inteligencia artificial.