Cinco escritores rusos que se beneficiaron de la revolución
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1. Maxim Gorki (1868-1936)
Para 1917, Gorki ya había escrito numerosas obras, entre ellas la novela Madre y las obras de teatro Los bajos fondos y Vassa Zheleznova. Su Canción del petrel tempestuoso lo había consagrado como símbolo del espíritu revolucionario. Sin embargo, veía la Revolución de Octubre con espíritu crítico; en Pensamientos intempestivos, condenaba los métodos bárbaros de los bolcheviques y el carácter prematuro de la revolución, unas posturas que lo llevaron a emigrar en 1921. Su regreso a la URSS en 1932 fue fruto de un complejo acuerdo. A cambio de su lealtad al régimen soviético, Gorki recibió una lujosa mansión en el centro de Moscú, fincas rurales, la Orden de Lenin, el cambio de nombre de su ciudad natal en su honor, la dirección de la Unión de Escritores y el título de "padre fundador" del realismo socialista. Se convirtió oficialmente en el escritor más importante del país.
2. Samuíl Marshak (1887-1964)
Durante la Guerra Civil, este futuro clásico de la literatura infantil se encontraba en el sur de Rusia, donde colaboró activamente con la prensa de la Guardia Blanca. Bajo el seudónimo de "Doctor Friken", escribió para el periódico liberal Utro Yuga ("Mañana del Sur"), del que llegó a ser redactor jefe. Según los investigadores, su paso al bando bolchevique respondió a la necesidad; sin embargo, Marshak acabó convirtiéndose en uno de los autores de literatura infantil más publicados y oficialmente aclamados de la Unión Soviética. Su carrera en la URSS fue todo un éxito: fue diputado del Consejo Municipal de Diputados Obreros de Moscú, recibió cuatro Premios Stalin y un Premio Lenin, y fue condecorado con numerosas órdenes.
3. Alexéi Tolstói (1883-1945)
Para 1917, ya había escrito cuentos, novelas cortas y obras de teatro que se representaban en los teatros de la capital. Emigró en 1918 y viajó por Europa, pero regresó a la URSS en 1923, donde no tardó en adaptarse a las reglas del juego y alinearse con las autoridades. Como resultado, recibió una mansión en Moscú, fincas rurales, cuantiosos derechos de autor, condecoraciones y Premios Stalin, mientras que su trilogía Camino al Calvario, la novela Pedro I y sus obras de ciencia ficción se convirtieron en clásicos soviéticos. El "conde rojo" llegó a ser diputado del Sóviet Supremo, académico y uno de los "ingenieros de almas humanas" favorecidos por el régimen.
4. Serguéi Yesenin (1895-1925)
Abrazó la revolución con entusiasmo. Sus publicaciones en importantes revistas bolcheviques le reportaron cuantiosos ingresos que le permitieron mantenerse a sí mismo y a sus dos hermanas en Moscú, mientras que un contrato con Gosizdat para publicar sus obras completas en tres volúmenes (por un valor de 10.000 rublos, una suma considerable para la época) lo convirtió en uno de los escritores más ricos. Publicó poemarios con títulos evocadores como Rusia soviética y País soviético, y escribió poemas patrióticos como Canción de la gran campaña y Balada de los veintiséis. Sin embargo, siguió siendo un "gamberro". Ni la prosperidad material ni la libertad interior pudieron salvar al poeta de una muerte trágica en 1925.
5. Vladímir Maiakovski (1893-1930)
En 1917, el poeta ya era una figura destacada del futurismo. Abrazó la revolución sin reservas y la llamó "mi revolución". Su colaboración con las autoridades fue excepcionalmente activa y fructífera: trabajó para publicaciones propagandísticas, creó carteles y poemas de agitación y propaganda, y ensalzó la ideología oficial. A cambio, contó con el respaldo del Estado. Se convirtió en el principal poeta oficial del país, con oportunidades sin precedentes para publicar, intervenir en actos públicos y viajar. Conservó su estatus como uno de los poetas más destacados de la era soviética incluso después de su muerte.