¿Por qué los niños rusos llaman ‘tíos’ y ‘tías’ a los desconocidos?
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"Tía, por favor, deme una botella de leche y una barra de pan blanco", podría decir un niño en una tienda dirigiéndose a la cajera. "Pásale el dinero del billete al tío conductor", podría decir una madre a su hijo en un autobús. Pero ¿cómo surgió esta tradición de dirigirse así a los desconocidos?
La cultura de dirigirse a los demás
El ruso carece de fórmulas neutrales para dirigirse a desconocidos. Por ejemplo, en inglés existen "mister" y "miss/missus", mientras que en francés se utilizan "monsieur" y "madame". En ruso no existe un equivalente directo y normalmente se emplean "dévushka" ("joven", para una mujer) o "molodói chelovek" ("joven", para un hombre). Sin embargo, dirigirse a alguien como "zhénshchina" ("mujer") o "muzhchina" ("hombre") se considera descortés e incluso ofensivo, porque puede interpretarse como una alusión a su edad.
Hasta la Revolución bolchevique de 1917, las personas se dirigían unas a otras dependiendo de su título o posición social.
En las ciudades, las fórmulas más habituales eran "sudar"/"sudárinia" ("señor"/"señora", derivadas de la palabra "gosudar", que significa "soberano"). Al dirigirse a un grupo de personas se utilizaban "dami"/"gospoda" ("damas"/"caballeros"), fórmulas adoptadas del francés ya en tiempos de Pedro el Grande. A los grandes duques se les trataba como "vuestra gracia" y a los miembros de la familia imperial como "vuestra alteza".
En el mundo rural, todo era mucho más sencillo. Las personas se dirigían unas a otras como si fueran familiares. Por ejemplo, un adulto podía llamar "padre" a un anciano desconocido, mientras que a alguien de su misma edad podía llamarlo "hermano" o "hermana". Para un niño, todos eran "tíos" y "tías". Se consideraba una forma respetuosa de dirigirse a personas de la generación de sus padres.
A mediados del siglo XIX, las empresas industriales comenzaron a desarrollarse rápidamente en el Imperio ruso y muchas personas se trasladaron a las ciudades para trabajar, de modo que esta forma de dirigirse a los demás emigró también al entorno urbano.
En la Unión Soviética desaparecieron los tratamientos de "señor" y "vuestra gracia" y todos pasaron a ser "iguales". Al ruso se incorporó el tratamiento "továrisch" ("camarada"), aplicable a todo el mundo, aunque se utilizaba principalmente en contextos oficiales.
En la vida cotidiana, sin embargo, los sencillos "tío" y "tía" continuaron utilizándose para dirigirse tanto a conocidos como a desconocidos. Muchas personas, incluso después de hacerse adultas, siguen llamando, por ejemplo, "tía Sveta" a una amiga de su madre y, por costumbre, enseñan a sus propios hijos a hacer lo mismo.
No existen los extraños
Desde el punto de vista lingüístico, estas palabras recuerdan al lenguaje infantil ("dia-dia", "tio-tia", "ma-ma", "pa-pa", "ba-ba", "de-da"; estas dos últimas significan "abuela" y "abuelo") y son fáciles de recordar.
Las raíces de estas formas de dirigirse a los demás también están relacionadas con el hecho de que los habitantes de una misma aldea podían ser realmente parientes entre sí, aunque no fueran familiares directos, sino primos lejanos en segundo o tercer grado. De esta manera, las personas destacaban, quizá involuntariamente, los vínculos de parentesco que las unían.
Esto también tenía importancia para la propia seguridad, especialmente en el caso de los niños. Si dejabas claro a los demás que eras "uno de los suyos", era menos probable que te hicieran daño.
La nueva etiqueta rusa
En la actualidad, la forma más moderna y respetuosa de dirigirse a alguien consiste en utilizar su nombre y patronímico ("Elena Pávlovna", "Dmitri Alexándrovich") o, si se trata de un desconocido, simplemente comenzar con expresiones como "Perdone" o "Disculpe" y utilizar, cuando sea necesario, el "вы" ("vy") formal en lugar del "ты" ("ty") informal.
"Mi madre consideraba que llamar a alguien 'tío' o 'tía' era una forma de hablar propia del campo y que las personas de ciudad con estudios superiores no se dirigían así unas a otras", cuenta Tamara, una moscovita formada como lingüista. "Por eso, nos dirigíamos a los adultos conocidos por su nombre y patronímico, salvo que ellos mismos quisieran que los llamáramos tíos o tías. A mí me enseñaron a dirigirme a los desconocidos diciendo: 'Buenos días, disculpe, por favor'".
"Cuando era pequeña sí me dirigía así a los desconocidos", cuenta Daria, editora fotográfica de Moscú, "porque mis padres me decían cosas como: 'No te muevas tanto, que vas a manchar a la tía'".
"Yo, por el contrario, cuando era niña siempre llamaba a todo el mundo por su nombre y patronímico, y ahora a mí me presentan a los niños como 'tía Sveta'", explica Svetlana, economista de Moscú. "Hoy en día solo me llaman 'sudárinia' cuando compro blinis en una cafetería".