El primer libro de viajes ruso: ‘Viaje más allá de los tres mares’, de Afanasi Nikitin
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Afanasi Nikitin fue un mercader ruso del siglo XV. De su vida se sabe muy poco, salvo que era hijo de Nikita (por lo que “Nikitin” no era un apellido, sino un patronímico) y que residía en Tver.
Su gran expedición comenzó como un viaje de negocios. Sin embargo, cuando la caravana fue asaltada por bandidos cerca de Astracán, en lugar de regresar decidió continuar el camino para intentar minimizar sus pérdidas. Atravesó Derbent y Persia hasta llegar a Ormuz, desde donde cruzó el mar Arábigo en barco y desembarcó en el puerto indio de Chaul.
En la India permaneció alrededor de tres años, observando la vida cotidiana, el comercio, los rituales religiosos y la organización política de los principados locales. Sus notas son excepcionales porque constituyen la primera descripción laica de países lejanos escrita en Rusia, libre de leyendas y fantasías. Registró con honestidad los precios, las mercancías, las costumbres y también sus propias emociones, incluida la nostalgia por su patria y sus reflexiones sobre la fe cristiana en medio de un entorno dominado por hinduistas y musulmanes.
Su obra recibió el título de Viaje más allá de los tres mares. Los tres mares eran el Caspio, el Arábigo y el Negro, este último cruzado durante el viaje de regreso. En realidad, su itinerario fue mucho más complejo: recorrió el Sultanato Bahmaní, visitó su capital, Bidar, la legendaria Vijayanagara y la ciudad sagrada de Parvat. El regreso lo llevó nuevamente por Arabia, Persia y Trebisonda, pero nunca llegó a alcanzar su Tver natal. Murió cerca de Smolensk en el otoño de 1475.
Sus compañeros llevaron sus cuadernos manuscritos a Moscú, donde fueron incorporados a una recopilación de crónicas.
Para su época, Viaje más allá de los tres mares fue una obra revolucionaria por varias razones.
En primer lugar, se trata de un relato de viaje completamente laico. En la antigua literatura rusa ya existía el género de los “viajes” (jozhdenia), pero todos los ejemplos conocidos eran peregrinaciones a lugares santos, especialmente a Jerusalén. Nikitin, por el contrario, escribe sobre comercio, precios, rutas, mercados y política. Su libro es un informe práctico, no una obra de carácter religioso.
En segundo lugar, ofrece una imagen realista de la India. Antes de Nikitin, tanto en Rusia como en Europa circulaban historias fantásticas sobre aquel país, con seres monstruosos y hombres con cabeza de perro. Él describió una India auténtica: campesinos que comían arroz y verduras, artesanos en las ciudades, príncipes montados en elefantes y caballos de guerra cuyo valor superaba el del oro. También anotó con detalle qué productos se importaban y exportaban, dónde podían adquirirse y qué monedas circulaban. Su mirada era la de un comerciante atento y observador.
En tercer lugar, la obra contiene un profundo diálogo interior. A lo largo de todo el texto, Nikitin reflexiona sobre su fe. Rodeado de musulmanes e hinduistas, experimenta intensamente la soledad de ser cristiano ortodoxo lejos de su tierra. Describe con respeto las costumbres hindúes (como los ayunos, las abluciones o el culto al sol), aunque lamenta no poder cumplir los ritos de su propia religión.
Viaje más allá de los tres mares fue escrito treinta años antes del viaje de Vasco da Gama y se adelantó varias décadas a las primeras descripciones europeas de la India. Para un lector ruso del siglo XV era una auténtica ventana a un mundo completamente desconocido; para los historiadores actuales, constituye un documento de valor incalculable.
Los historiadores rusos redescubrieron el manuscrito de Nikitin, conservado en las crónicas, a comienzos del siglo XIX. En 1817, Nikolái Karamzín escribió con orgullo en su Historia del Estado ruso:
“Hasta ahora, los geógrafos ignoraban que el honor de uno de los más antiguos viajes europeos descritos a la India pertenecía a la Rusia de la época de Iván III... Mientras Vasco da Gama apenas concebía la posibilidad de encontrar una ruta desde África hasta el Indostán, nuestro ciudadano de Tver ya comerciaba en la costa de Malabar y conversaba con sus habitantes sobre los dogmas de su fe”.