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Así acabó admirando Stalin a un pintor que retrataba… santos

Iván Shaguin / Sputnik
En marzo de 1941, el periódico ‘Izvestia’ publicó los nombres de los primeros galardonados con el Premio Stalin en las categorías de literatura y arte. Entre los tres artistas que recibieron el premio de primera categoría figuraba el pintor Mijaíl Nésterov.

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Retrato del académico I.P. Pávlov
Galería Tretiakov

Discípulo de Vasili Perov y Alexéi Savrásov, Nésterov alcanzó la fama gracias a sus obras de temática filosófica y religiosa, especialmente por el ciclo dedicado a san Sergio de Rádonezh y por las pinturas murales realizadas para iglesias ortodoxas. Tras la Revolución y el establecimiento del ateísmo oficial, crear obras de temática religiosa se volvió prácticamente imposible. Sin embargo, Nésterov no quiso renunciar a su vocación. Continuó trabajando en su serie sobre san Sergio y realizó otras obras de pequeño formato. En ocasiones tuvo que recurrir a ciertos subterfugios. Así ocurrió con el cuadro Semana de Pasión, pintado en 1933, pero fechado deliberadamente en 1914 para evitar sospechas de propaganda antisoviética.

En 1936, al artista le propusieron organizar una gran exposición retrospectiva. Nésterov pidió personalmente autorización a Stalin para exhibir su cuadro El alma del pueblo. El dirigente soviético rechazó la idea, aunque tampoco castigó al pintor por haber formulado aquella petición.

Con el paso de los años, Nésterov se volcó cada vez más en el retrato. Entre sus modelos figuró el célebre fisiólogo Iván Pávlov, a quien conoció en 1930 y del que realizó un primer retrato ese mismo año. Cinco años después pintó un segundo, mucho más expresivo, que mostraba al científico conversando apasionadamente con uno de sus colaboradores y golpeando la mesa con el puño durante la discusión.

Fue precisamente este retrato de Pávlov el que le valió el Premio Stalin. El propio Stalin quedó profundamente impresionado por la obra y la valoró muy positivamente.