Así el pintor Isaak Brodski se convirtió en el gran retratista de Lenin
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Poco después, terminó un primer retrato que quiso mostrar al propio Lenin. Pero al líder soviético... ¡no le gustó! Por mucho que lo observó, aseguraba que no encontraba ningún parecido consigo mismo. Quienes lo rodeaban, sin embargo, elogiaban la obra e intentaban convencerlo de que era muy fiel a la realidad; simplemente no estaba acostumbrado a verse de perfil.
Finalmente, Lenin cedió y comentó con humor: “¡Es la primera vez en mi vida que firmo algo con lo que no estoy de acuerdo!”. Acto seguido estampó su firma sobre el retrato.
Más adelante, el dirigente bolchevique permitió a Brodski dibujarlo mientras trabajaba. Nunca posó expresamente para él, pero, sabiendo que el artista lo estaba observando, procuraba moverse lo menos posible.