Estos son algunos lugares de Rusia que se hicieron pasar por París en películas
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San Petersburgo
Aquí se pueden encontrar barrios que fácilmente pueden “hacerse pasar” por Roma, Londres o París. Por ejemplo, el palacio del gran duque Vladímir Alexándrovich (hoy Casa de los Científicos) se convirtió en la residencia del banquero Danglars en El prisionero del castillo de If. En el Palacio de Catalina de Tsárskoe Seló “vivió” el mismísimo conde de Montecristo. Y uno de los edificios del parque local se transformó en la finca familiar de los Danglars en Auteuil, comprada por el vengador.
Otro palacio imperial, Peterhof, se convirtió en el Louvre en la película Los tres mosqueteros (2013), mientras que las calles de París aparecieron en la antigua Víborg y en Gátchina.
En el comedor gótico de la mansión del barón Kelj se instaló el intrigante cardenal Richelieu. Ese mismo salón se convirtió también en la residencia parisina de André Perrot, un masón de alto rango y guardián de la herencia del protagonista de la película La sección áurea. Para dar aún más lujo al decorado, la estancia fue adornada con un supuesto “cuadro de Picasso”.
Parece que San Petersburgo es perfecto para las novelas de Alejandro Dumas. También la película Los mosqueteros veinte años después se rodó allí. El Palacio Beloselski-Belozerski interpretó el papel del Palais Royal. Otras escenas se filmaron en el Palacio de Peterhof, la Casa de la Fuente y la Orangerie del Jardín Táuride.
Moscú
¿Una Torre Eiffel en mitad de un pueblo? ¿Por qué no?
Buena parte de la película de aventuras La corona del Imperio ruso, o Los vengadores escurridizos de nuevo transcurre en París. Los protagonistas viajan allí para devolver a Rusia una reliquia robada de la casa Romanov.
Inicialmente querían rodar las escenas parisinas en el centro de Moscú, pero las autoridades no lo permitieron. El equipo encontró entonces una solución: filmar las escenas de la Torre Eiffel en la aldea de Gladíshevo, incorporada hace poco a la ciudad. Allí construyeron una réplica de madera de la famosa torre que se tambaleaba de forma bastante inquietante, aunque el rodaje salió perfectamente.
En la serie Los años ochenta, un café de Montmartre también fue recreado en Moscú. Allí acude el protagonista para declararse a Inga, de quien lleva mucho tiempo enamorado.