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Así inventaron los escritores rusos las historias por entregas mucho antes que la televisión

Kira Lisitskaya (Foto: simpson33, Natalia Shabasheva/Getty Images; Legion Media; Dominio público)
Su época dorada llegó en la Rusia del siglo XIX.

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Los escritores rusos solían vender sus obras más de una vez: primero como publicaciones por entregas en revistas, y luego como libros y las correspondientes reediciones. Las novelas se publicaban en capítulos, a veces durante años, y el público esperaba el siguiente episodio de Guerra y paz con tanta expectación como hoy se espera una nueva temporada de Juego de tronos.

Este sistema beneficiaba a todos. Las revistas pagaban honorarios que permitían al escritor mantenerse mientras trabajaba en el texto; aumentaba el número de suscriptores; y los lectores asistían al nacimiento de la obra en tiempo real. Estos son algunos de los ejemplos más destacados.

‘Eugenio Oneguin’ de Alexánder Pushkin

Galería Tretiakov; Dominio público

Esta novela en verso, sobre los destinos entrelazados de una joven noble romántica y un joven desencantado, se publicó por capítulos durante siete años, entre febrero de 1825 y enero de 1832. Fue una estrategia de marketing única para su época. Cada capítulo se vendía por 5 rublos, un precio elevado para un cuadernillo de 50–70 páginas, pero el público los compraba igualmente.

El historiador literario Serguéi Gessen estimó que la venta de los capítulos le reportó a Pushkin unos 25.000 rublos. La primera edición completa apareció en marzo de 1833, y el poeta recibió otros 12.000 rublos. En total, sus ingresos por la obra superaron los 37.000 rublos, una suma enorme para la época. Sin embargo, los gastos familiares, la vida social y las deudas de juego lo arruinaron, y Pushkin murió endeudado.

‘Oblómov’ de Iván Goncharov

Galería Tretiakov; Dominio público

La publicación de esta novela se prolongó durante diez años. Goncharov concibió la historia de un terrateniente incapaz de levantarse del sofá en la década de 1840. En 1849 se publicó el capítulo central, El sueño de Oblómov, en la revista Sovreménnik, que el autor consideraba la “obertura” de toda la obra.

El proceso se alargó: en 1852 el escritor emprendió un viaje alrededor del mundo y dejó la novela en pausa durante casi cinco años. En 1857 retomó el trabajo y escribió varias partes de una vez.

La novela completa apareció en 1859 en cuatro números de la revista Otéchestvenie zapiski. Goncharov recibió 10.000 rublos por su publicación en revista y en libro. La obra causó gran impacto: Tolstói y Turguénev la elogiaron, y el rasgo del protagonista dio lugar al término “oblomovismo”.

‘El idiota’ de Fiódor Dostoievski

Galería Tretiakov; Dominio público

Dostoievski, siempre necesitado de dinero, publicaba sus obras por entregas, a menudo cobrando anticipos por textos aún no escritos. El idiota, sobre un príncipe cuya bondad recuerda a la de Cristo, apareció en 1868 en la revista Russki vestnik.

El proceso estuvo lleno de retrasos: el autor trabajaba desde el extranjero y no siempre entregaba los capítulos a tiempo. El editor le pagó unos 7.000 rublos por la novela. La edición en libro no llegó hasta 1874, con ligeras revisiones.

‘Anna Karénina’ de Lev Tolstói

Museo Estatal Lev Tolstói; Dominio público

Los siete primeros capítulos de la novela se publicaron entre 1875 y 1877 en la revista Russki vestnik. La última parte apareció por separado debido a desacuerdos entre el autor y el editor.

Tolstói recibió 20.000 rublos por la obra, una suma comparable al precio de una casa en Moscú. Durante su publicación, las opiniones fueron muy diversas: algunos la consideraron una obra maestra, otros la criticaron con dureza.

‘La familia Golovliov’ de Mijaíl Saltikov-Shchedrín

Galería Tretiakov; Dominio público

Este libro nació como una serie de ensayos satíricos publicados entre 1875 y 1880. Con el tiempo, esos textos se transformaron en una novela sobre varias generaciones de una familia de terratenientes.

No se conoce con exactitud cuánto ganó el autor, pero se estima que sus honorarios rondaron entre 2.500 y 3.000 rublos.

Mucho antes de las plataformas de streaming, los lectores rusos ya vivían la experiencia de seguir historias por capítulos, esperando cada nueva entrega con auténtica pasión.