Literatura rusa en el exilio: tres oleadas de emigración

Kira Lisítskaia (Fotos: Mary Evans Picture Library, ZUMAPRESS.com, Imagebroker.com/Global Look Press)
Kira Lisítskaia (Fotos: Mary Evans Picture Library, ZUMAPRESS.com, Imagebroker.com/Global Look Press)
El mayor éxodo de escritores se produjo tras la Revolución bolchevique de 1917. El drama del exilio y la imposibilidad de regresar dejaron una huella imborrable en sus obras posteriores.

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Los escritores exiliados aparecen en la literatura rusa desde el siglo XVI, durante el reinado de Iván el Terrible. Se conserva correspondencia entre el zar y el príncipe Andréi Kurbski, caído en desgracia, quien huyó del país. Más tarde, autores como Alexánder Pushkin y Mijaíl Lérmontov también pasaron temporadas en el exilio o en el destierro.

Sin embargo, la emigración masiva no se produjo hasta el siglo XX, debido al turbulento curso de la historia rusa. En la mayoría de los casos, el exilio fue permanente y los escritores carecían de esperanza de regresar. Al estudiar la literatura de la diáspora rusa en el extranjero, los académicos distinguen tres oleadas cronológicas del éxodo literario.

1. Primera ola de emigración rusa (1918-1940)

Dominio público Una de las 'naves de los filósofos'
Dominio público

Tras la Revolución bolchevique de 1917 y durante la Guerra Civil, se produjo el primer gran éxodo de la intelectualidad. Numerosos escritores y pensadores huyeron del país, mientras que las nuevas autoridades deportaron a muchos disidentes. El carácter masivo de esta ola pasó a la historia bajo el término colectivo de “naves de los filósofos”, y muchos estudiosos la consideran la más brillante de la historia de la emigración rusa.

Mos.ru (CC BY 4.0) Iván Bunin en París, 1928
Mos.ru (CC BY 4.0)

Incluyó a los representantes más talentosos de la llamada Edad de Plata de la literatura rusa, entre ellos el futuro Premio Nobel Iván Bunin, Zinaída Guippius, Dmitri Merezhkovski, Alexéi Rémizov, Iván Shmeliov, Vladislav Jodasévich, Marina Tsvetáieva y Vladímir Nabókov. También hubo autores que se formaron como escritores en el extranjero: por ejemplo, Gaito Gazdánov debutó en París con su primera novela, Una velada con Clara (1929). Esta primera ola se considera continuadora de las tradiciones de la gran literatura rusa y suele compararse con sus contemporáneos que permanecieron en la URSS.

2. Segunda ola de emigración rusa (décadas de 1940-1950)

Legion Media Vladímir Nabókov junto a su mujer Vera en Berlín
Legion Media

La segunda ola estuvo vinculada a la Segunda Guerra Mundial. Su magnitud fue menor y dejó una huella menos significativa en la historia literaria. Se relaciona principalmente con la huida de los horrores de la guerra y del temor a la ocupación nazi, y muchos emigrantes terminaron en Estados Unidos.

En este grupo puede incluirse nuevamente a Vladímir Nabokov. Tras huir de Rusia como hijo de un opositor bolchevique, se vio obligado a abandonar Europa debido a los nazis; en 1940, él y su esposa, judía, se establecieron en Estados Unidos. Entre los nombres más destacados de esta ola se encuentran Iván Yelaguin, Valentina Sinkévich y Nikolái Narókov.

3. Tercera ola de emigración rusa (década de 1960 - finales de 1980)

Robert R. McElroy / Getty Images Serguéi Dovlátov en Nueva York, 1989
Robert R. McElroy / Getty Images

A mediados de la década de 1960 comenzó la tercera ola de emigración. Algunos escritores fueron expulsados por las autoridades soviéticas, otros se vieron obligados a marcharse debido a la imposibilidad de publicar sus obras o ganarse la vida, y muchos buscaban liberarse de la censura. Entre los autores más destacados se encuentran Alexánder Solzhenitsin, Vasili Aksiónov, Serguéi Dovlátov, Eduard Limónov, Sasha Sokolov, Yuri Mamléiev y Joseph Brodsky.

A diferencia de muchos emigrantes de la primera ola, que contaban con recursos económicos, los representantes de la tercera ola solían carecer de ahorros y enfrentarse a situaciones de marginación en el extranjero. Esta realidad fue retratada por Eduard Limónov en su novela Soy yo, Eddie (1976).

La mayoría de los escritores de esta oleada se establecieron en Estados Unidos, donde surgió una diáspora activa de literatura rusa en el exilio.