¿Por qué los cosmonautas llevaban armas durante sus misiones?
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En marzo de 1965, la tripulación de la nave espacial Vosjod-2 se preparaba para aterrizar cuando se produjo un fallo técnico: los cosmonautas tuvieron que realizar el descenso manualmente. Pável Beliáyev y Alexéi Leónov acabaron aterrizando a miles de kilómetros del punto previsto, en plena taiga nevada. Pasaron un día entero en el bosque dependiendo únicamente de sus propios recursos y, por pura suerte, no fueron atacados por los numerosos animales salvajes que habitaban la zona.
Catorce años después, Leónov recordó aquella experiencia y afirmó que, si la tripulación de la Vosjod-2 hubiera contado con un arma para defenderse, se habrían sentido mucho más seguros. La idea fue aprobada y, en 1982, el kit de supervivencia de emergencia de las naves espaciales comenzó a incluir la pistola de tres cañones TP-82, un arma no automática.
Los armeros de Tula diseñaron una especie de “navaja suiza” para la supervivencia en condiciones extremas. Permitía defenderse de animales salvajes y también conseguir alimento. Sus tres cañones (dos lisos de calibre 12,5 mm y uno rayado de 5,45 mm) podían disparar cartuchos de perdigones, bengalas y munición explosiva. Además, en la culata desmontable se ocultaba un machete.
En total se fabricaron alrededor de un centenar de pistolas TP-82. Formaron parte del equipo obligatorio de las naves espaciales soviéticas y rusas, así como de la Estación Espacial Internacional, hasta 2007, cuando caducó la munición específica para este modelo.