‘Kosmoplán’: la nave soviética capaz de aventurarse mucho más allá de la órbita terrestre

OpenAI
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A comienzos de la década de 1960, cuando la carrera espacial apenas había comenzado, el ingeniero soviético Vladímir Cheloméi imaginó una enorme nave capaz de explorar las profundidades de nuestro sistema solar.

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El proyecto recibió el nombre de "Kosmoplán".

Cheloméi procedía del mundo de los misiles de crucero y, a finales de los años 50, había conseguido ganarse la confianza de Nikita Jrushchov. En enero de 1960, preocupado por la superioridad estratégica estadounidense, el dirigente soviético pidió a sus diseñadores de cohetes que desarrollaran nuevas propuestas espaciales, especialmente aquellas con posibles aplicaciones militares.

Cheloméi respondió con varios proyectos extraordinariamente ambiciosos. Uno de ellos, leemos en Rocketengines.ru era el Kosmoplán: una nave parcialmente reutilizable equipada con motores eléctrico-nucleares y concebida para realizar vuelos de larga distancia por el espacio, llegando hasta las proximidades de la Luna e incluso de Marte.

No se trataba precisamente de una nave pequeña. El diseño estudiado alcanzaba los 30 metros de longitud y una masa total de unas 85 toneladas. Debía transportar a dos cosmonautas y nada menos que 11 toneladas de alimentos, agua y oxígeno. También llevaría alrededor de una tonelada de instrumentos científicos, otra de equipos de radio y cuatro toneladas de pequeñas sondas destinadas a la investigación.

En aquella época, la palabra "kosmoplán" todavía no designaba necesariamente un avión espacial al estilo de los transbordadores que aparecerían décadas después. Para Cheloméi era, fundamentalmente, un sistema destinado a la exploración del espacio profundo.

El proyecto llegó a ser estudiado junto a importantes instituciones científicas soviéticas como el TsAGI y el NII-1. Según la historia oficial de la oficina OKB-52, se realizaron numerosos estudios preliminares y trabajos teóricos. Sin embargo, había un obstáculo tecnológico que la URSS de comienzos de los años 60 todavía no podía superar: desarrollar una fuente de energía nuclear suficientemente compacta y segura para alimentar semejante nave.