Así combatió la URSS, con petróleo y peces, la malaria
Además de Telegram, Puerta a Rusia difunde contenidos en su página de VKontakte. ¡Únete a nosotros!
“Me llaman fiebre intermitente y cotidiana: atormento cada día, cada dos días, cada tres, cada cuatro o cada semana... Hago doler los huesos, la espalda, los riñones, la cabeza, los brazos y las piernas... Me instalo bajo las costillas del hombre, junto a su corazón... Lo consumo, lo destruyo, le provoco angustia, aburrimiento, tristeza, preocupaciones y desdicha...”.
Así se describía en un relato apócrifo la fiebre tropical que conocemos habitualmente como malaria o paludismo.
Esta enfermedad era conocida desde la Antigüedad, pero incluso a finales del siglo XIX seguía siendo una auténtica plaga.
Afectaba a los habitantes de la región del Volga, los Urales meridionales y la costa del mar Negro. También se producían brotes de malaria en Moscú.
El escritor Alexander Bestúzhev-Marlinski, que prestó servicio en la guarnición de Gagra, escribió: “La fiebre causa tales estragos que cada año muere el equivalente a una guarnición y media, y quienes sobreviven no salen de allí sin padecer obstrucciones mortales o hidropesía. En pocas palabras, Gagra significa una sentencia de muerte”.
En tres años, de los 640 hombres de un batallón destinado en aquella localidad, apenas sobrevivió un centenar.
A comienzos del siglo XX, al menos 3,5 millones de personas contraían la malaria cada año en Rusia.
El tratamiento habitual era la quinina, un medicamento obtenido de la corteza del árbol de la quina. Sin embargo, después de la Revolución, incluso este remedio comenzó a escasear.
No era un balneario, sino un hospital
Cuando el bacteriólogo Serguéi Sokolov asumió en 1918 la dirección de la zona turística de Tuapsé, se encontró con algo muy distinto de los paradisíacos rincones del mar Negro: un auténtico epicentro de la epidemia.
En 1920, los hospitales locales, que disponían de poco más de doscientas camas, atendieron a más de dos mil pacientes, tanto civiles como militares.
Según los testimonios de la época, los enfermos llegaban a todas horas. No había suficientes camas y muchos se veían obligados a dormir al aire libre.
Sokolov decidió combatir no la enfermedad directamente, sino su causa: los mosquitos transmisores de la malaria.
El clima húmedo de la costa del mar Negro favorecía enormemente su reproducción. Los insectos proliferaban en los ríos cuyos cauces se secaban periódicamente, los manantiales, los canales de riego, las zonas pantanosas de las tierras bajas de Imeretia, las desembocaduras de los ríos Josta y Sochi y los territorios de Abjasia.
Los meses más calurosos eran también los más peligrosos, debido al brusco aumento de los contagios.
Comenzaron entonces a abrirse estaciones de lucha contra la malaria, encargadas de combatir a los mosquitos transmisores, detectar y tratar a los enfermos y desarrollar actividades científicas y educativas.
Las aguas estancadas se cubrían con petróleo o queroseno. La película que se formaba sobre la superficie impedía respirar a las larvas de los mosquitos y acababa matándolas.
También se excavaron canales de drenaje y se construyeron nuevas redes de alcantarillado y abastecimiento de agua.
Los pantanos fueron desecados y se plantaron eucaliptos y plátanos de sombra, árboles considerados grandes consumidores de agua, con la intención de impedir que las zonas pantanosas volvieran a formarse.
Solo en Abjasia, Ayaria y el oeste de Georgia se plantaron medio millón de ejemplares de eucalipto en 1935.
Los árboles crecían rápidamente y, al cabo de poco tiempo, donde antes había pantanos comenzaron a aparecer arboledas y avenidas sombreadas.
Peces contra mosquitos
Otro inesperado aliado en la lucha contra la malaria llegó desde Italia.
En 1925, Nikolái Rujadze, director del Instituto Tropical de Sujumi, viajó al Instituto Microbiológico de Roma para conocer los métodos utilizados allí contra la enfermedad.
Descubrió que un pequeño y poco llamativo pez, la gambusia, resultaba extraordinariamente eficaz para combatir las larvas de los mosquitos transmisores de la malaria.
Se llevaron a la URSS 153 ejemplares, que fueron introducidos en masas de agua de Sochi, el Cáucaso, Abjasia y otras regiones afectadas por la enfermedad.
Los empleados de las estaciones antipalúdicas transportaban los peces en frascos hasta distintas localidades y los entregaban a los habitantes de la zona.
Incluso participaron los escolares, que se sumaron entusiasmados a aquella especie de juego de "peces contra mosquitos".
Los niños liberaban gambusias en todos los lugares donde encontraban agua, desde charcos hasta el mar.
Cada pequeña gambusia podía devorar hasta trescientas larvas al día. Además, se reproducía con gran facilidad, de modo que los mosquitos apenas tenían posibilidades frente a aquellos voraces depredadores.
En 1941, la incidencia de la malaria en la costa ya se había reducido considerablemente: el número de enfermos había descendido hasta apenas unos pocos casos por temporada.
En 1955 no se registró ningún caso de malaria en Abjasia. Un año después, Sochi alcanzó el mismo resultado.
En 1960, la malaria fue declarada oficialmente erradicada en la Unión Soviética.