Cómo un ciclista soviético recorrió en solitario toda la frontera de la URSS

Kira Lisítskaia (Fotos: Museo Histórico de Serov; Dominio público)
Kira Lisítskaia (Fotos: Museo Histórico de Serov; Dominio público)
Su hazaña fue cuestionada desde el principio. ¿Era cierto que realmente había recorrido semejante distancia?

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La hazaña de Gleb Travin, que recorrió en bicicleta toda la frontera de la Unión Soviética, no tiene precedentes. Llevaba en la mochila solo una pistola, una brújula, un cuchillo de caza y una lámpara de queroseno. Pasaba ocho horas al día sobre el sillín, comía y bebía dos veces al día y dormía a la intemperie, sin importar las condiciones meteorológicas. ¡Y todo ello durante tres años seguidos! Así lo describió Travin y, hasta el día de hoy, nadie ha igualado su hazaña.

Cómo nacieron los sueños de una gran travesía

En octubre de 1928, el ciclista, que entonces tenía 26 años, partió de Vladivostok hacia el oeste, rumbo a Jabárovsk. Recorrió la frontera sur del país, pasó por el lago Baikal, cruzó el mar Caspio en ferry y continuó su viaje a través del Cáucaso.

En noviembre de 1929, llegó al extremo norte, a la ciudad de Múrmansk, situada al norte del círculo polar ártico. Desde allí, recorrió toda la costa del océano Ártico, pedaleando principalmente sobre el hielo.

Museo-Reserva de Pskov
Museo-Reserva de Pskov

Travin había concebido esta aventura cuando aún era adolescente. Se inspiró en Onísim Pankrátov, un oficial militar ruso que fue el primero en dar la vuelta al mundo en bicicleta. Más tarde, también le sirvió de inspiración el ciclista neerlandés Adolf de Groot, quien visitó Pskov, la ciudad natal de Travin, durante su gran gira por Europa.

El joven también soñaba con dar la vuelta al mundo en bicicleta, pero, a finales de la década de 1920, no pudo obtener un visado de salida: se lo denegaron. Así que decidió recorrer en bicicleta toda la frontera de la URSS.

Al borde de la supervivencia

Museo-Reserva de Pskov
Museo-Reserva de Pskov

Travin creció en un entorno de cazadores y rastreadores. Su padre le enseñó a cazar y a encontrar refugio en el bosque. Así, el joven adquirió las habilidades necesarias para emprender una expedición en solitario. Se entrenó durante casi cinco años: pasaba largas horas en bicicleta y estudiaba geografía y zoología.

Sin embargo, es imposible preverlo todo, especialmente al atravesar el Ártico. Atrapado en una grieta entre témpanos de hielo, Travin cayó al agua y escapó por poco de la muerte. Los dedos de sus pies se congelaron hasta tal punto que tuvo que amputárselos él mismo para evitar la gangrena.

Los nenets, un pueblo indígena del norte, le ofrecieron renos y trineos tirados por perros para llegar a la civilización, pero Travin rechazó la ayuda. En Kamchatka, pidió que lo llevaran a bordo de un barco utilizado por exploradores polares, que lo transportó a través de mar abierto.

¿Realidad o ficción?

Museo Histórico de Serov
Museo Histórico de Serov

No hubo un seguimiento en tiempo real del viaje de Travin. Los periódicos no informaron de la hazaña y los periodistas solo tuvieron noticias de él a través de los exploradores polares. El primer reportaje sobre su aventura fue obra de un periodista siberiano llamado Vivian Itin, pero la historia de su travesía en bicicleta no alcanzó gran popularidad hasta 1965.

Fue Vladímir Jaritánovski, con su libro El hombre del reno de hierro, quien popularizó el viaje de Travin. Tras la Segunda Guerra Mundial, creció el interés por las historias heroicas de hombres capaces de superar lo imposible. Incluso se comparó a Travin con Alekséi Marésiev, un piloto que, durante la guerra, se arrastró durante 18 días por los bosques con las piernas rotas.

Museo-Reserva de Pskov
Museo-Reserva de Pskov

Sin embargo, pronto surgieron dudas y numerosos autores cuestionaron que Travin hubiera completado realmente su viaje, sobre todo teniendo en cuenta que Vladímir Jaritánovski había exagerado considerablemente la distancia recorrida.

La 'prueba irrefutable' en un museo

Museo-Reserva de Pskov
Museo-Reserva de Pskov

En Pskov, la ciudad natal de Travin, un museo conserva la "prueba irrefutable" de su viaje: un cuaderno de registro con 256 matasellos de las localidades fronterizas por las que pasó, cada uno acompañado de la fecha correspondiente.

Museo-Reserva de Pskov
Museo-Reserva de Pskov

Además, el museo guarda objetos personales del aventurero y cuadernos con anotaciones de su diario. Y, por supuesto, la pieza central de la colección: su bicicleta, con el manillar original fabricado a partir del cañón de un rifle.