5 gobernantes rusos que transformaron a su pueblo
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1. Gran príncipe Vladímir (980-1015): convirtió a los paganos al cristianismo
Según la Crónica de los años pasados, el príncipe Vladímir cristianizó la antigua Rus en el año 988. Esta decisión estuvo precedida por una larga serie de acontecimientos. Dos años antes había organizado una especie de “prueba de religiones”: recibió a representantes de musulmanes, judíos, católicos y griegos y, tras largas conversaciones, se inclinó por la fe griega, es decir, la ortodoxa.
Posteriormente, Vladímir emprendió una campaña militar contra la ciudad bizantina de Korsun (Quersoneso, en Crimea). Tras conquistarla, exigió casarse con Anna, hermana de los emperadores bizantinos, con la condición de que él mismo recibiera el bautismo.
En Korsun fue bautizado con el nombre de Vasili, contrajo matrimonio con Anna y regresó a Kiev. Después ordenó destruir los ídolos paganos y convocó a todos los habitantes de la ciudad a las orillas del Dniéper para celebrar un bautismo colectivo. Su advertencia fue tajante: “¡Quien mañana no acuda al río, sea rico o pobre, mendigo o esclavo, será mi enemigo!”.
La crónica explica esta decisión por la necesidad de consolidar el poder y unificar las distintas tribus bajo la autoridad de Kiev. Al mismo tiempo, establecer vínculos con el poderoso Imperio bizantino e introducir una nueva cultura en la antigua Rus, con su escritura, iglesias y leyes, ofrecía importantes ventajas.
2. Pedro I (1682-1725): transformó al ruso medieval en un noble ilustrado
Para convertir Rusia en una potencia europea, Pedro el Grande tuvo que transformar no solo el ejército y la administración del Estado, sino también a las propias personas.
Comenzó por la apariencia. Tras regresar de su primer viaje al extranjero, en agosto de 1698, el zar cortó personalmente las barbas de varios boyardos. Posteriormente promulgó un decreto “Sobre el uso de vestimenta alemana y el afeitado de barbas y bigotes”, que establecía un impuesto para quienes quisieran conservar la barba.
En 1700 implantó un nuevo sistema de calendario, que contaba los años desde el nacimiento de Cristo en lugar de hacerlo desde la creación del mundo, y ordenó celebrar el Año Nuevo el 1 de enero.
Para crear un ejército regular, introdujo el reclutamiento obligatorio en 1705. También reorganizó la administración estatal siguiendo el modelo sueco: entre 1717 y 1718, los antiguos prikazi (departamentos administrativos) fueron sustituidos por los kolegui (colegios administrativos), mientras que el Senado reemplazó a la Duma de los Boyardos.
Pedro subordinó la Iglesia al Estado. En 1721 abolió el patriarcado y estableció el Santísimo Sínodo, cuya actividad quedaba supervisada por un procurador general.
Un año después promulgó la “Tabla de Rangos”, una ley que permitía acceder a la nobleza mediante el servicio al Estado y no exclusivamente por nacimiento.
Así, mediante decretos, impuestos, reclutamientos y la europeización forzosa de las élites, Pedro pretendía crear un nuevo tipo de súbdito: un servidor del Estado, instruido y disciplinado.
3. Catalina II (1762-1796): creó una “nueva clase de personas” y el Instituto Smolni
Catalina II decidió impulsar los cambios a través de la educación, inspirándose en las ideas de la Ilustración.
Su principal instrumento fue el Instituto Smolni para Doncellas Nobles, fundado en 1764, el primer internado de élite destinado a las hijas de la nobleza hereditaria.
Las niñas ingresaban a los seis años y recibían educación durante doce. El objetivo era devolver a la sociedad a una “joven instruida y refinada”, capaz de introducir nuevas normas de comportamiento en su familia y, de ese modo, “suavizar las costumbres”.
Más adelante, Catalina comenzó a establecer un sistema educativo de alcance nacional.
Un decreto de 1781 sentó las bases de las escuelas urbanas, mientras que el “Estatuto de las Escuelas Públicas” de 1786 ordenó abrir escuelas públicas principales en las capitales provinciales y escuelas menores en las cabeceras de distrito. Estos centros admitían a niños de todas las clases sociales, excepto a los siervos.
De esta manera, Catalina II aspiraba a formar una “nueva clase” de personas instruidas y útiles para la sociedad.
4. Vladímir Lenin (1917-1924): transformó al monárquico creyente en comunista ateo
Como es sabido, Lenin movilizó a las masas. Las reformas alcanzaron todos los ámbitos de la vida social, incluidos la familia y la religión.
A partir de diciembre de 1917, los matrimonios religiosos perdieron su validez legal, se introdujo el matrimonio civil obligatorio y se flexibilizaron las restricciones matrimoniales.
El Estado arrebató a la Iglesia el control sobre la familia para reorganizar esta “célula básica de la sociedad” de acuerdo con nuevas normas. La Iglesia perdió su personalidad jurídica y las escuelas quedaron libres de la influencia religiosa.
En octubre de 1918, el Consejo de Comisarios del Pueblo promulgó el Decreto sobre la Escuela Única del Trabajo.
Su principal objetivo era formar un nuevo tipo de persona: alguien con una educación integral, trabajador y preparado para construir el socialismo.
El trabajo productivo se definió como la base de la vida escolar, mientras que la propia escuela se concebía como una “escuela-comuna”, estrechamente vinculada con la comunidad que la rodeaba.
5. Mijaíl Gorbachov (1985-1991): creó al ‘hombre de la perestroika’ y el concepto de ‘nuevo pensamiento’
Gorbachov pretendía transformar al ciudadano soviético despertando en él un sentimiento de independencia y la capacidad de pensar críticamente.
Ya en 1985 proclamó el lema: “Todos debemos reestructurarnos”.
La principal herramienta para lograrlo fue la glásnost (transparencia o apertura informativa). Por primera vez, el país disfrutó de una auténtica libertad de expresión y los ciudadanos tuvieron la oportunidad de manifestar abiertamente sus opiniones.
Al mismo tiempo, el Gobierno liberó a presos políticos y disidentes. Se proclamó la libertad religiosa, cesó la persecución de la Iglesia y las celebraciones del milenario del Bautismo de la antigua Rus, en 1988, constituyeron un gesto simbólico hacia los creyentes.
Sin embargo, el cambio más radical fue la reforma política.
En 1988 se introdujeron las elecciones con candidaturas alternativas a los órganos legislativos y, en marzo de 1989, se celebraron las primeras elecciones competitivas para elegir a los diputados del pueblo de la URSS.
El ciudadano soviético se encontró así en unas circunstancias completamente nuevas: los antiguos ideales habían sido derribados, las normas sociales se habían sometido a revisión y el país ya no existía dentro de sus antiguas fronteras.