¿Por qué Catalina II decidió dar educación a las mujeres?
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Catalina II estaba profundamente interesada en las ideas sociales de Locke, Voltaire, Diderot y Rousseau. Su sueño no era simplemente gobernar con inteligencia un gran país: quería dirigir a súbditos educados y responsables. Pero ¿de dónde sacarlos? Evidentemente, había que formarlos desde cero. Y, preferiblemente, apartándolos del entorno que pudiera impedirles convertirse en tales personas. Así nació la reforma educativa preparada por Iván Betskói.
Gunnar Berndtson, «Diderot y Catalina la Grande»
Betskói era un hombre extraordinario. Muy bien educado, comenzó su carrera en el servicio diplomático y pasó muchos años en Europa. Más tarde se convirtió en consejero de la emperatriz en cuestiones de educación.
El documento clave de su reforma fue el Reglamento General para la Educación de la Juventud de Ambos Sexos, aprobado por la emperatriz en marzo de 1764. En él se exponían los principios y objetivos fundamentales de la reforma. En resumen, los planes eran enormemente ambiciosos: crear una “nueva raza de personas” mediante la educación. Se creía que, aislando al niño de la “sociedad corrupta” y criándolo en un entorno ideal, podía formarse una personalidad libre de los viejos vicios. Además, educar a las niñas se consideraba tan importante como educar a los niños, pues serían ellas quienes criarían a la nueva generación. Así surgió la idea de una institución educativa para niñas: la Sociedad Imperial Educativa de Doncellas Nobles, más tarde conocida como Instituto Smolni para Doncellas Nobles.
«La intercesión de la Virgen María por las alumnas del Instituto Smolni», cuadro de A. G. Venetsiánov. Entre 1832 y 1835
Este internado abrió sus puertas ese mismo año, 1764. Solo admitía hijas de nobles hereditarios a partir de los seis años. Las candidatas debían presentar documentos que acreditaran su origen y superar exámenes de ingreso de francés y ruso, además de poseer nociones básicas de educación religiosa.
Al entregar a la niña a una edad tan temprana, la familia firmaba un compromiso escrito por el que se obligaba a no llevársela a casa hasta cumplir los 18 años. No existían vacaciones ni largas visitas familiares, y las cartas pasaban por una estricta censura de las damas supervisoras.
Las alumnas no solo estudiaban música, danza, literatura y economía doméstica. Betskói incluyó también en el programa historia universal e historia del arte, geografía, matemáticas e incluso física, aunque con un enfoque práctico.
Los métodos educativos previstos eran los más avanzados de la época: se prohibían los castigos corporales; se fomentaba el aprendizaje “sin coacción, teniendo en cuenta los intereses y capacidades del niño”; y los educadores debían ser “personas honestas y dignas de servir de ejemplo”. En la práctica, no todo resultó tan ideal. Aun así, el resultado fue impresionante: la institución formó a numerosas mujeres destacadas, desde damas de honor hasta la primera mujer diplomática de Rusia, Daria Lieven.
Dmitri Levitski, «Las muchachas de Smolni» (Smolianki). 1772—1776
Las mujeres ilustradas eran consideradas una “sólida base del trono y del bienestar del Estado”. Las graduadas debían convertirse en esposas ideales, capaces de administrar el hogar, criar hijos inteligentes y educados y suavizar las costumbres de la sociedad.
Como resultado, el Smolni abrió el camino para la creación de toda una red de gimnasios e institutos femeninos en todo el país. A finales del siglo XIX, la educación para las mujeres en Rusia había dejado de ser un privilegio reservado a unas pocas y se había convertido en una práctica mucho más accesible y extendida.