Así pasaba el verano Iósif Stalin
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Muchas dachas
Stalin disponía de unas veinte residencias repartidas por toda la Unión Soviética, desde las afueras de Moscú hasta Crimea y Abjasia. No era un capricho, sino una necesidad de Estado. En el contexto de una dictadura, esa dispersión geográfica garantizaba la seguridad del dirigente.
A menudo, ni el propio Stalin ni su escolta sabían con antelación dónde pasaría la noche siguiente. Los cambios repentinos de itinerario dificultaban cualquier posible atentado. Además, la URSS era un país inmenso. Disponer de residencias totalmente equipadas en distintas regiones permitía no perder tiempo buscando alojamiento durante los viajes de inspección.
También existía un motivo médico. Las dachas se encontraban en zonas con climas y altitudes diferentes, lo que permitía adaptar las condiciones de estancia según las recomendaciones de los médicos.
La mayoría de estas residencias no eran propiedad personal del secretario general, sino dachas gubernamentales heredadas de antiguos palacios imperiales o construidas expresamente para la alta dirección soviética.
¿Por qué el sur?
Stalin padecía desde joven dos enfermedades crónicas: fuertes dolores articulares (reumatismo que evolucionó hacia una poliartritis) y problemas pulmonares derivados de los años de exilio impuestos por el régimen zarista. Los médicos le recomendaban un clima cálido y seco, así como baños de aguas sulfurosas. Por eso su principal destino veraniego terminó siendo Sochi, a orillas del mar Negro, y más concretamente la zona balnearia de Matsesta, famosa por sus manantiales terapéuticos.
Desde 1928 y prácticamente hasta su muerte en 1953, Stalin viajó al Cáucaso todos los años, salvo durante la Segunda Guerra Mundial. Solía llegar a mediados de agosto y permanecer allí hasta octubre. No eran vacaciones en el sentido actual, sino un tratamiento médico anual integrado en su agenda de gobierno.
Para él se construyeron varias residencias en Sochi y en la vecina Abjasia. La más conocida fue la dacha Nueva Matsesta, más tarde llamada Arboleda Verde. El arquitecto Mirón Merzhánov la diseñó para que se confundiera con el bosque: las paredes e incluso el tejado estaban pintados de verde oscuro. Todas las residencias oficiales, por exigencia personal de Stalin, tenían el mismo color y una planta en forma de “U”, con fines de camuflaje y uniformidad.
En el interior no había lujo palaciego: pasillos estrechos, puertas bajas y sencillas camas de madera. Stalin detestaba las fuentes, los espejos y la decoración excesiva. En una ocasión ordenó incluso cubrir con tierra una fuente recién construida en su dacha de Sochi simplemente porque el ruido del agua le molestaba.
Trabajo y entretenimiento
Ni siquiera en el sur dejaba de gobernar. Trabajaba de noche, a menudo hasta las dos o las tres de la madrugada. Recibía a ministros y dirigentes del Partido Comunista, firmaba documentos y escuchaba informes por teléfono. Los miembros del Gobierno acudían a Sochi para celebrar reuniones con él.
Al contrario de la imagen típica del veraneante, Stalin casi nunca se bañaba en el mar. No sabía nadar y desconfiaba del agua, que consideraba peligrosa.
Sin embargo, le apasionaban los juegos y las competiciones. Su gran afición era el billar. El perdedor debía arrastrarse por debajo de la mesa. Stalin prohibía que le dejaran ganar y sus acompañantes temían desobedecerle, de modo que él mismo tuvo que cumplir esa regla en más de una ocasión. Su otro juego favorito era el gorodkí, un antiguo deporte ruso en el que se derriban figuras de madera con un palo. Para ello disponía de una pista especialmente preparada.
También era un excelente tirador con pistola y fusil. Organizaba con frecuencia competiciones de tiro con su escolta y con los invitados. Le gustaban los pícnics en la montaña, con shashlik (brochetas a la parrilla) y vino georgiano, especialmente Tsinandali. En ocasiones incluso cantaba canciones populares.
Su interés por Crimea
En 1945, tras la Conferencia de Yalta con los líderes de Estados Unidos y el Reino Unido, Stalin descubrió el potencial de los antiguos palacios imperiales de Crimea. Ordenó convertirlos en residencias gubernamentales y visitó la península en varias ocasiones. Sin embargo, su principal destino veraniego siguió siendo Sochi. La última vez que pasó allí el verano fue en 1950, tres años antes de su muerte.