Este piloto volvió al frente de combate después de que le amputasen sus piernas
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5 de abril de 1942. Noroeste de Rusia, región de Nóvgorod. El teniente mayor Alexéi Marésiev despegó en un caza para escoltar a bombarderos que atacaban un aeródromo enemigo. Su misión era simplemente cubrir a los aviones de asalto, pero se dejó tentar por un blanco fácil y decidió atacar él mismo a un avión alemán, y luego a otro. Agotó toda su munición y su avión fue alcanzado. La caída fue amortiguada por los pinos, lo que le salvó la vida.
Recobró el conocimiento cuando un oso lo estaba olfateando. El animal le desgarró el traje con sus garras, pero Marésiev logró agarrar su revólver y dispararle, salvando una vez más su vida.
La hazaña del espíritu
Alexéi comprendió que tenía las piernas gravemente dañadas, pero aun así logró ponerse en pie. Con un esfuerzo de voluntad increíble comenzó a avanzar, apoyándose en los árboles. Al oír a lo lejos el sonido de la artillería, entendió que allí estaban los suyos y que debía dirigirse hacia ese lugar. Más tarde se supo que todos los huesos de sus pies estaban destrozados.
Avanzaba cojeando, caía, descansaba, sufría hambre y frío. Incluso tuvo que comerse un erizo, la única criatura que encontró en el bosque invernal.
Cuando ya no pudo seguir caminando, empezó a arrastrarse. Y cuando perdió totalmente las fuerzas, se limitó a rodar por el suelo.
Un rescate milagroso
Barbudo, sucio y completamente agotado, fue encontrado por unos niños de un pueblo. Transportaron al piloto herido en un trineo hasta la aldea, donde permaneció varios días inconsciente mientras los vecinos lo cuidaban.
En mayo, el comandante de su escuadrón, Andréi Dejtiárenko, llegó al pueblo. Fue entonces cuando, al comparar las fechas, se descubrió que Marésiev había pasado 18 días atravesando el bosque. Hoy, en el lugar donde fue encontrado, hay una placa conmemorativa. El comandante se lo llevó al aeródromo y de allí fue trasladado a un hospital militar.
¿El final o un nuevo comienzo?
En el hospital se descubrió que Marésiev sufría gangrena y una infección en la sangre. Afortunadamente, un reconocido profesor lo operó y le salvó la vida, aunque fue necesario amputarle ambas piernas por debajo de la rodilla.
Marésiev cayó en una profunda depresión al comprender que ya no podría volar. Sin embargo, en el hospital conoció a un comisario que logró animarlo. Este le mostró la historia de un piloto de la Primera Guerra Mundial que, pese a perder una pierna, volvió a volar. Aquello lo inspiró a no rendirse.
Durante meses se rehabilitó en un sanatorio, aprendiendo de nuevo a caminar, luego a correr e incluso a bailar. Soportando un dolor enorme, avanzó hacia su objetivo. Finalmente logró convencer a los médicos de que estaba apto para volar, y en el verano de 1943 se le permitió regresar al frente. Hasta el final de la guerra derribó siete aviones alemanes más.
El piloto más famoso de la URSS
En julio de 1943, poco después de su regreso a la aviación, Marésiev conoció al corresponsal del periódico Pravda, Borís Polevói, en una trinchera cerca de Oriol. Tras la guerra, Polevói escribió en solo 19 días Historia de un hombre verdadero, narrando la vida de Marésiev. La obra se publicó en la revista Octubre en 1946 y se convirtió de inmediato en uno de los relatos más famosos y populares sobre la guerra.
Después de su publicación, el nombre de Marésiev fue conocido por todos los escolares soviéticos, aunque en el libro Polevói cambió una letra del apellido y el héroe pasó a llamarse Merésiev. La obra se editó en millones de ejemplares y pronto fue llevada al cine.
El propio Marésiev se sentía incómodo con la fama. “No le gustaba recordar ni la atención excesiva que llegó tras el libro y la película. Decía: ‘¡Todos lucharon! ¿Cuántas personas como él hubo en el mundo sin que Polevói escribiera sobre ellas?’”, recordaba su hijo.
Puedes ver cómo se desarrolló la guerra en el Frente Oriental en nuestros documentales de la serie Camino hacia la victoria.