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Cómo los británicos ahogaron por error a dos mil soldados soviéticos

Foto de archivo
En la mañana del 27 de noviembre de 1944, un avión de reconocimiento británico detectó en el norte de Noruega un convoy naval alemán. El buque de transporte ‘Rigel’ se dirigía hacia Trondheim bajo la escolta de varios patrulleros.

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Una presa así no podía dejarse escapar, y desde la cubierta del portaaviones “Implacable” despegaron de inmediato los aviones. Los militares británicos no sabían entonces el terrible error que estaban cometiendo.

El portaaviones británico HMS "Implacable".
Foto de archivo

A bordo del “Rigel” se encontraban más de 2000 prisioneros de guerra, en su mayoría soldados del Ejército Rojo, así como unos 400 guardias. Las personas eran mantenidas en las bodegas como ganado, en condiciones de hacinamiento extremo, sin ventilación ni acceso a servicios.

'Rigel' en servicio en Alemania.
Foto de archivo

El “Rigel” recibió varios impactos directos y comenzó a hundirse rápidamente. Las bombas destruyeron las escaleras de acceso a las bodegas, condenando a cientos de hombres a una muerte segura. Los que lograron salir corrieron hacia los escasos medios de salvamento.

“Fue una lucha a vida o muerte. Yo era joven y fuerte y luchaba por sobrevivir (recordadó el único superviviente noruego, Asbjørn Schultz). El mar y el aire estaban helados. Los británicos siguieron disparando tanto contra los que estaban en el agua como contra los que se encontraban en las balsas”.

El barco de prisioneros Rigel, controlado por los alemanes ardiendo tras ser bombardeados y ametrallados por la aviación británica.
Foto de archivo

Junto a un prisionero soviético y un guardia alemán, Schultz logró llegar a la costa. Una vez en tierra, cada uno siguió su camino.

El error británico costó la vida a casi dos mil quinientas personas; solo 267 lograron sobrevivir. Durante mucho tiempo, los cuerpos de los desafortunados pasajeros del “Rigel” aparecían en la orilla o quedaban atrapados en las redes de los pescadores locales.

Para el resto, el barco hundido se convirtió durante años en una fosa común. No fue hasta 1969 cuando los restos fueron recuperados y enterrados en un cementerio militar en la isla vecina de Hjerta.