¿Por qué Beethoven dedicó sonatas al zar ruso?

Puerta a Rusia (Creado por OpenAI)
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En 1814, al Congreso de Viena, donde se debatía el futuro de Europa tras las guerras napoleónicas, llegó el emperador ruso Alejandro I junto con su esposa, Isabel Alexéievna. Entre las personas que le fueron presentadas se encontraba el compositor Ludwig van Beethoven.

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Aunque aún no se conocían personalmente, ya estaban familiarizados el uno con el otro. Doce años antes, en 1802, el compositor había escrito tres sonatas para violín, que dedicó a Alejandro. Esta idea le fue sugerida por el enviado ruso en Viena, el conde Andréi Razumovski. Bajo el reinado de Pablo I cayó en desgracia y durante un tiempo incluso fue enviado al exilio. Alejandro I, por el contrario, al subir al trono lo restituyó en el servicio. Así que se trataba de una especie de agradecimiento velado del noble a su monarca. No obstante, para Beethoven esta dedicatoria tampoco fue casual. El zar ruso tocaba el violín de forma excelente y podía apreciar en su justa medida el genio del compositor.

Durante el congreso, Beethoven ofreció un concierto benéfico al que asistió el propio zar. Su esposa también acudió a una representación de Fidelio, la única ópera del compositor. Posteriormente, como muestra de gratitud por su obra, ella le regaló 200 chervonets y un anillo con rubí y diamantes. Inspirado por este gesto, Beethoven dedicó a Isabel Alexéievna una polonesa y una transcripción para piano de la Séptima Sinfonía.

Su relación continuó más adelante: Alejandro I figuró entre los mecenas que financiaron la partitura de la Misa Solemne. El compositor se dirigió personalmente a él para solicitar su participación en la suscripción, y el emperador no se negó. Cabe destacar que el estreno mundial de esta obra tuvo lugar en San Petersburgo en la primavera de 1824.