Así se hundió el ‘Titanic soviético’

Valery Shústov / Sputnik
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En la noche del 31 de agosto de 1986, el transatlántico de pasajeros ‘Almirante Najímov’ salió del puerto de Novorossíisk rumbo a Sochi. Los pasajeros bailaban, veían películas y se preparaban para dormir.

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El barco se había alejado unos 15 kilómetros del muelle cuando fue embestido a toda velocidad por el carguero “Piotr Vásev”. La colisión fatal se produjo debido a una falla en el equipo de navegación.

El agua irrumpió por la brecha abierta en el casco, el transatlántico se escoró hacia un lado y comenzó a hundirse rápidamente. Se fue la electricidad y cientos de personas en las cabinas inferiores quedaron atrapadas en completa oscuridad.

Valery Shústov / Sputnik
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“En la cubierta encontramos un caos: unos gritaban, otros chillaban, reían nerviosamente, los hombres alumbraban con cerillas y encendedores”, recordaba una de las pasajeras, Ekaterina Kishman.

Solo hicieron falta ocho minutos para que el barco desapareciera bajo el agua. Lograron salvarse quienes alcanzaron los botes salvavidas o se lanzaron por la borda a tiempo.

TASS
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“Salté y empecé a nadar con todas mis fuerzas para alejarme del barco que se hundía, para que no me arrastrara el remolino cuando se fuera al fondo”, contaba Vladímir Puzirko. “Me volví y vi cómo el barco ‘se hundía’ bajo el agua. Entonces también me vi arrastrado hacia abajo. Tenía tantas ganas de vivir que luché con todas mis fuerzas para salir de las profundidades del mar… ¡Y logré emerger!”

El primero en acudir en ayuda fue el propio “Piotr Vásev”. Poco después llegaron otros barcos desde Novorossísk. El hundimiento del llamado “Titanic soviético” costó la vida a 423 de las 1.243 personas a bordo.

Ilyá Pavlenko / TASS
Ilyá Pavlenko / TASS

Una comisión especial atribuyó la responsabilidad de la tragedia a los capitanes. Uno confió demasiado en la tecnología; el otro abandonó el puente en una situación de peligroso acercamiento entre los buques, mostrando “excesiva confianza y negligencia”. Ambos fueron condenados a 15 años, aunque quedaron en libertad en 1992.

Durante un tiempo se recuperaron cuerpos del barco hundido, pero tras la muerte de dos buzos los trabajos se suspendieron. Así, para 64 personas, el “Almirante Najímov” quedó para siempre como una tumba colectiva.