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Estos monarcas rusos viajaron por Europa

Hulton-Deutsch Collection/CORBIS/Corbis/Getty Images
En 1801, Alejandro I permitió a los ciudadanos del país salir de Rusia y regresar sin obstáculos. Y él mismo aprovechó inmediatamente esta posibilidad. Contamos aquí la historia de los monarcas rusos a los que no les gustaba quedarse en casa.

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Pedro I

Fine Art Images/Heritage Images/Getty Images

Pedro podría haberse convertido en el autor más famoso de guías sobre países europeos: fue el primer monarca ruso que visitó el Viejo Continente. Realizó su primer viaje en 1697–1698. Formalmente viajaba de incógnito, pero bastaba con ver el grupo de nobles rusos para reconocer enseguida al zar: su gran estatura lo delataba.

En los Países Bajos, Pedro estudió el trabajo de los astilleros e incluso participó personalmente en la construcción de un barco; visitó fábricas y asistió a clases de anatomía. En Inglaterra estudió en detalle la estructura de los buques de guerra, viajó a Oxford y asistió a una sesión del Parlamento. En Viena se reunió con el emperador Leopoldo I. La Gran Embajada de Pedro habría continuado su ruta, pero al enterarse del levantamiento de los streltsí en su patria regresó antes de lo previsto.

Palacio de Versalles

En 1716 volvió a emprender un viaje europeo y pasó casi dos años en el extranjero. En Gdansk felicitó a su sobrina Catalina Ivánovna por su matrimonio, visitó Copenhague, Berlín y Danzig, Ámsterdam y París. Sus días estaban llenos de encuentros con monarcas y visitas a lugares de interés. Un punto obligatorio era la visita a museos y gabinetes de ciencias naturales. Sin embargo, tampoco se olvidaba de sí mismo y hacía paradas en balnearios: en Alemania tomó las aguas en Pyrmont y en Francia, en Spa.

Nicolás I

Hermitage

A finales de 1845, Palermo recibió a huéspedes de alto rango: el emperador Nicolás I y su esposa Alejandra Fiódorovna. No se trataba de una visita diplomática, sino más bien humanitaria: el viaje a Italia tenía como objetivo conocer su patrimonio cultural. Nicolás visitó Florencia, Roma, Venecia y Bolonia. En Roma, en la basílica de San Pedro, se reunió con artistas pensionados que habían llegado desde Rusia y luego visitó los talleres de algunos de ellos. Por ejemplo, encargó varias esculturas a Piotr Stawasser. También estuvo en el Vaticano. Se llevó a Rusia varias decenas de esculturas y encargó moldes y copias de pinturas de artistas del Renacimiento. Todas ellas adornaron el Hermitage, museo que se abrió al público en 1852.

Alejandro I

Hermitage

Apenas subió al trono en 1801, el emperador emitió un decreto que permitía a los ciudadanos salir del país y regresar sin impedimentos. Y ya al año siguiente visitó al rey prusiano Federico Guillermo III.

Años más tarde visitó a su hermana, la gran duquesa María Pávlovna, casada con el príncipe Carlos Federico de Sajonia-Weimar. Sus siguientes viajes europeos se vincularon a Napoleón. En 1807 se reunió con él en Tilsit para firmar un tratado de paz, y en 1814 entró a París al frente de las tropas aliadas.

Alejandro II

Galería Tretiakov

A Alejandro II lo invitó a Francia en 1867 Napoleón III, con la esperanza de mejorar las relaciones entre los países y discutir una unión aduanera. El emperador ruso aceptó y también quiso visitar la Exposición Universal de París. Fue precisamente allí donde su visita se vio ensombrecida por un atentado: el estudiante polaco Antón Berezovski disparó contra el zar, pero falló. Las negociaciones con Napoleón III no tuvieron éxito.

Nicolás II

Photo12/Universal Images Group/Getty Images

En otoño de 1896, el zar emprendió un viaje por las capitales europeas. Comenzó por Viena, donde fue recibido por el emperador Francisco José. Los soberanos visitaron la ópera Manon; en su tiempo libre, Nicolás “corría tras los ciervos, trepaba colinas, vagaba por los bosques y finalmente mató dos ciervos y un jabalí” durante una cacería en el parque de Lainz. Luego, los Románov visitaron a la reina Victoria en el castillo de Balmoral y le presentaron a su bisnieta, la gran duquesa Olga, que entonces tenía alrededor de un año. El viaje terminó en Francia, donde Nicolás asistió a la colocación de la primera piedra del puente sobre el Sena que lleva el nombre de su padre, el emperador Alejandro III. Visitó Versalles, el Louvre, Notre Dame de París, el Hôtel des Invalides y el Panteón, así como representaciones en la Comédie Française y la Grand Opéra. El apretado programa lo agotó un poco: en sus diarios anotaba en tono de broma que tenía “casi paralizada la mano”, porque en todas partes lo recibían multitudes y él debía saludar sin parar.

Apic/Getty Images

En el verano de 1909 emprendió un viaje estival en el yate Shtandart. Esta vez su ruta pasó por Suecia, Dinamarca, Francia y el Reino Unido. En la isla de Wight, Nicolás y Alejandra Fiódorovna fueron recibidos por el rey Eduardo VII. Para ellos se organizó una revista de la Flota Real, que el emperador presenció luciendo el uniforme de almirante británico, rango que ostentaba.

DEA/BIBLIOTECA AMBROSIANA/Getty Images