5 artistas clásicos rusos cuyas vidas mejoraron después de la Revolución
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1. Iliá Mashkov
La Revolución sirvió al artista como trampolín hacia una nueva vida. Hasta entonces había creado obras impresionistas, pero a partir de ese momento se entregó de lleno a la elaboración de materiales de propaganda, carteles y folletos.
Su arte estaba destinado a todo el mundo, aunque nunca perdió su vínculo con la pintura clásica.
Las obras de inspiración fauvista dieron paso a retratos, paisajes y naturalezas muertas realistas. En lugar de bañistas desnudos, comenzó a pintar a trabajadores de choque, pioneros y edificios industriales.
2. Piotr Konchalovski
Uno de los pilares de la vanguardia rusa, al que llegaron a apodar el «Cézanne soviético».
Tras la Revolución decidió no emigrar. En la década de 1920 impartió clases en las vanguardistas escuelas VJUTEMAS y VJUTEIN, celebró su propia exposición en París y trabajó intensamente en Abrámtsevo y en su dacha de la región de Kaluga. Durante este periodo, Konchalovski creó toda una galería de retratos de figuras de la cultura soviética.
Continuó trabajando incluso durante la Gran Guerra Patria.
3. Isaak Brodski
Discípulo de Iliá Repin, Brodski se hizo famoso por su delicado estilo pictórico, de gran finura. Antes de la Revolución expuso activamente sus obras en la Academia de Artes y en las exposiciones de los Peredvízhniki.
Contempló con optimismo los acontecimientos de 1917 y consideraba que habría sido vergonzoso «pasar indiferente junto a aquellos grandes acontecimientos».
Abandonó sus coloridas pinturas para dedicarse a lienzos de estilo realista socialista, creando grandes composiciones con numerosos personajes que representaban congresos bolcheviques y retratando en numerosas ocasiones a Lenin, Stalin y otros dirigentes de la Revolución bolchevique. En 1934 se convirtió en director de la Academia de Artes de Leningrado.
4. Ígor Grabar
Resulta sorprendente todo lo que el artista fue capaz de hacer: pintó y enseñó, trabajó como crítico de arte y escribió biografías de artistas. A pesar de esta diversidad de actividades, estaba convencido de que en los lienzos debía representarse la vida que uno conocía y amaba.
Fascinado por el impresionismo, Grabar siguió firmemente este principio y creó expresivos paisajes y naturalezas muertas. En 1913 se convirtió en administrador de la Galería Tretiakov y dirigió una importante reorganización de sus exposiciones. En 1918, por iniciativa suya, se crearon los Talleres Centrales de Restauración, la primera organización dedicada a la conservación de monumentos culturales.
Posteriormente, Ígor Grabar dirigió el Museo-Reserva de Abrámtsevo y participó en la restauración del monasterio de Andrónikov, el más antiguo de Moscú, así como en la creación dentro de este del Museo Andréi Rubliov de Arte Ruso Antiguo.
5. Konstantín Yuón
Yuón fue paisajista, cronista de las provincias rusas, escenógrafo de las Temporadas Rusas de Serguéi Diáguilev y propietario de su propia escuela de arte, por la que pasaron, entre otros, Vera Mújina y Robert Falk.
Yuón plasmó en sus lienzos los acontecimientos de 1917, que presenció personalmente en Moscú, creando así una singular crónica de la Revolución. Continuó dando clases y pintando paisajes, además de trabajar como escenógrafo teatral.
En 1941 pintó el desfile de las tropas soviéticas en la Plaza Roja y, dos años después, recibió el Premio Stalin.