Te presentamos a Alexánder Serguéiev, el nuevo bailarín principal del Teatro Mariinski (FOTOS)
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Serguéiev lleva más de veinte años vinculado al Teatro Mariinski de San Petersburgo. Ingresó en la compañía en 2004, tras graduarse en la Academia Vagánova y actualmente, no solo actúa sobre el escenario, sino que también crea y dirige producciones de ballet.
Sin embargo, nunca tuvo la intención de dedicar su vida al escenario. Desde los ocho años practicó taekwondo con gran intensidad: entrenaba tres veces por semana y participaba en competiciones. También soñaba con una carrera médica, inspirado por un amigo de sus padres, un oncólogo que realizaba complejas intervenciones quirúrgicas.
Pero sus padres, los solistas del Teatro de Ballet Leonid Yákobson, Valeri Serguéiev y Valentina Klímova, lo convencieron para probar suerte en la danza.
Los comienzos no fueron fáciles y el éxito no llegó de inmediato.
“Mis padres querían que continuara la tradición familiar. Su apoyo durante los años de estudio fue enorme, pero también me vigilaban muy de cerca, porque cuando tus padres son profesionales, detectan cada uno de tus errores”, recuerda Serguéiev.
Durante su formación apareció por primera vez en el escenario del Mariinski interpretando a uno de los soldados de El cascanueces, sustituyendo a un bailarín enfermo.
Tras graduarse, debutó oficialmente en la compañía interpretando al aguador en La leyenda del amor.
Pocos meses después recibió una oportunidad irrechazable: sustituir a un bailarín en In The Middle, Somewhat Elevated (Donde cuelgan las cerezas doradas), de William Forsythe, una obra de apenas once minutos, considerada por muchos “la pieza técnicamente más difícil de la historia del ballet”.
El repertorio de Serguéiev incluye prácticamente todos los grandes papeles del ballet clásico, importantes producciones soviéticas y numerosos proyectos contemporáneos.
No obstante, se muestra reservado respecto a los papeles de príncipe, ya que considera que deben ser interpretados por bailarines con proporciones físicas ideales.
“Quiero no solo bailar, sino también actuar, ser un artista. Por eso no me entusiasman especialmente los papeles del príncipe Désiré de La bella durmiente, el príncipe de El cascanueces o el de El lago de los cisnes. Quiero aportar algo propio al personaje, ser recordado. No quiero que la gente diga simplemente: ‘Bueno, estuvo bien’”, confesó en una entrevista.
Alexánder Serguéiev, en una escena del ballet Shurale, en el Teatro Mariinski.
En 2016 participó en el estreno mundial de Reverence, del coreógrafo británico David Dawson, creada especialmente para el Mariinski.
Los críticos elogiaron al bailarín con entusiasmo: “Una organicidad asombrosa, donde cada célula del cuerpo baila y cada paso está lleno de emoción; una conciencia profunda de cada segundo de la danza y de cada movimiento prolongado hasta el último instante musical.”
En 2019, Alexánder debutó como coreógrafo con el ballet Out of Time, creado para el Mariinski, sobre música de Heitor Villa-Lobos.
Explicó así su decisión: “Volví a sentir que necesitaba algo nuevo. Una segunda formación, tocar el acordeón, nadar, el flamenco… Crear coreografías fue una de esas cosas.”
Desde entonces ha firmado producciones como Coppélia, Danzas de concierto sobre música de Stravinski y las coreografías de las óperas Los cuentos de Hoffmann, Lakmé y Salambó.
Sobre sus influencias artísticas afirma: “He tenido la suerte de trabajar personalmente con grandes figuras como Roland Petit, Hans van Manen y Wayne McGregor, todos ellos muy importantes para mí. Pero hay algunos nombres fundamentales. El primero es Alexéi Ratmanski, con quien pasé muchas horas en las salas de ensayo. Entonces no sabía que me dedicaría a la coreografía, pero ahora comprendo cuánto influyó en mí. El segundo es William Forsythe. El tercero es Alexéi Miroshnichenko. Trabajar con él me enseñó muchísimo.”
Fue precisamente en el teatro donde conoció a su futura esposa, la bailarina Daria Pavlenko. Ambos compartieron escenario en el ballet La edad de oro.
En su primera cita, Serguéiev la llevó al tejado del Teatro Mariinski.
«Durante una pausa entre ensayos, salimos por una ventana trasera y llegamos hasta la parte más alta del edificio, desde donde hay una vista espectacular. Fue una experiencia extrema, porque cuando bajábamos empezó a llover y el tejado se volvió resbaladizo.»
La pareja tiene dos hijas, Yaroslava y Miroslava. En casa intentan evitar hablar de ballet y de teatro.
Cuando le preguntan qué estaría dispuesto a sacrificar en su vida, Alexánder responde sin vacilar: “El ballet, pero no la familia.”
Serguéiev apenas utiliza las redes sociales, aunque ocasionalmente publica fotografías acompañadas de comentarios humorísticos. Hace dos años compartió imágenes de su ascensión al monte Elbrús, la montaña más alta de Europa.