5 ejemplos de cómo las verduras se convierten en postres en la cocina rusa
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1. Mermelada de zanahoria
La mermelada de zanahoria puede prepararse sin esperar al verano. Antiguamente se elaboraba en otoño para almacenarla durante el invierno y también en primavera, cuando se vaciaban los sótanos para dejar espacio a la nueva cosecha. En sus orígenes se hacía con miel, aunque con el tiempo el azúcar sustituyó a este ingrediente.
El famoso recetario de Elena Molojóvets incluye varias recetas de este postre. La más sencilla y popular lleva zumo y ralladura de limón.
Cómo prepararla: Pelar 1 kg de zanahorias y cortarlas en rodajas o tiras. Cocerlas en agua hasta que estén tiernas. Preparar un almíbar con 500 g de azúcar, añadir las zanahorias y cocinar hasta que la mermelada adquiera un aspecto transparente. Incorporar entonces el zumo y la ralladura finamente picada de un limón.
2. Mermelada de calabaza
Con la calabaza no solo se preparan tortitas, sopas o gachas, sino también deliciosos postres.
Cómo prepararla: Pelar y cortar en dados 1 kg de calabaza. Añadir la ralladura de un limón, cubrir con 800 g de azúcar y dejar reposar. Preparar un almíbar, incorporar la calabaza y el limón (o, si se desea, manzana) y cocinar hasta que la calabaza esté tierna. Para darle un toque más aromático pueden añadirse cardamomo, clavo y canela.
3. Mermelada de pepino
Este curioso postre es una de las especialidades de Súzdal. En esta antigua ciudad se cultivan pepinos desde hace siglos y sus habitantes aprendieron a utilizarlos no solo en ensaladas o limonadas, sino también en recetas dulces.
Es imprescindible emplear variedades dulces, ya que los pepinos amargos no sirven. El resultado es una mermelada de sabor muy original y un intenso color verde, que incluso recuerda a la famosa mermelada de grosella que tanto gustaba a Alexander Pushkin.
Cómo prepararla: Retirar las semillas de 1 kg de pepinos, cortarlos en pequeños dados y cubrirlos con azúcar hasta que suelten el jugo. Llevar a ebullición a fuego medio y cocinar después a fuego lento durante unos 20 minutos. Si se desea, añadir zumo de limón y continuar la cocción entre 15 y 20 minutos más, hasta que los pepinos adquieran un aspecto semitransparente.
4. Mermelada de rábano negro
La receta más popular de este peculiar postre, sencilla y económica, consistía en secar el rábano, molerlo y cocerlo con melaza o miel y especias. Tras una larga cocción se obtenía una pasta espesa llamada maziunia. Sin embargo, también existe una receta clásica de mermelada de rábano.
Cómo prepararla: Rallar rábano negro, exprimir el jugo y cubrir la pulpa con agua de azahar. Dejar reposar varios días hasta que adquiera un agradable aroma a naranja. Después cocerla en almíbar hasta que quede tierna.
5. Mermelada de ruibarbo
Con el ruibarbo se preparan compotas, kisel (una bebida espesa de frutas) e incluso borsch. ¿Por qué no convertirlo también en mermelada?
Se elabora con los tallos verde-rosados de la planta, similares al apio, y da como resultado un postre refrescante con un agradable toque ácido.
Cómo prepararla: Pelar 1 kg de tallos de ruibarbo y cortarlos en trozos pequeños. Mezclarlos con 1 kg de azúcar y dejarlos reposar varias horas hasta que suelten el jugo. Llevar a ebullición, retirar la espuma y dejar enfriar por completo. Repetir el proceso una segunda vez.
También puede prepararse una versión de cocción rápida, conocida como piatiminutka (“cinco minutos”): basta con llevar la mezcla a ebullición dos veces y cocerla a fuego lento entre cinco y siete minutos en cada ocasión, retirando siempre la espuma.