Cómo experimentar y arruinar platos rusos que de otro modo serían excelentes

Russia Beyond (Photo: Bozena_Fulawka, Daly and Newton, Serhii Ivashchuk/Getty Images)
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Una sola mala decisión con ingredientes ‘experimentales’ y tus platos favoritos pueden convertirse en algo que no querrías volver a probar jamás.

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Ensalada Olivier (Ensaladilla rusa)

matteodestefano / Getty Images
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La forma más simple de arruinar esta ensalada tradicional es añadir ingredientes que normalmente no se utilizan.

«Una vez, durante una visita a casa de una amiga, probé una ensalada Olivier con chucrut. Al principio nadie podía identificar qué estaba mal, pero luego la anfitriona confesó que no había encontrado los pepinillos habituales. Así que no se le ocurrió nada mejor que añadir chucrut a la ensalada. Aquella Olivier tenía un sabor agrio muy extraño», escribió Tamariska, compartiendo su mala experiencia en un foro de Internet.

A veces, la gente añade cebolla a la ensalada Olivier, aunque la mayoría prefiere prescindir de ella durante las fiestas de invierno, o usar solo una pequeña cantidad de cebolla verde como decoración. La manzana también puede aportar un sabor inusual: por un lado añade frescura, pero por otro su dulzor sobresale del conjunto. En ocasiones se añade maíz dulce, lo cual no agrada a todo el mundo. Y algunas amas de casa ahorradoras deciden verter el líquido turbio de la lata de guisantes dentro de la ensalada: eso garantiza que obtendrás una papilla en lugar de una ensalada.

Pero incluso si preparas la Olivier siguiendo una receta clásica, es importante elegir salchicha o carne de buena calidad, no añadir demasiada patata (para que la ensalada no quede demasiado almidonada y pastosa), y no hervir en exceso las verduras.

Finalmente, por muy perfectos que sean los ingredientes, la ensalada puede arruinarse por una mayonesa barata y de mala calidad.

Ensalada ‘Arenque bajo un abrigo’

Anna Vishnyak / Getty Images
Anna Vishnyak / Getty Images

A diferencia de la Olivier, la receta de ‘Arenque bajo un abrigo’ sí incluye cebolla. Pero si usas demasiada, existe el riesgo de que tu velada se convierta en una fiesta de dragones escupefuego. Lo mejor es añadir la cantidad recomendada. Además, puedes suavizar el sabor de la cebolla escaldándola con agua hirviendo o rociándola con zumo/jugo de limón.

Si hierves patatas y zanahorias junto con las remolachas, todas las verduras adoptarán un color similar, así que no obtendrás las bonitas capas de colores. Las espinas del arenque pueden convertirse en una desagradable “guinda del pastel”, o más bien, del plato.

Si untas generosamente cada capa con mayonesa, acabarás con un plato muy graso: arenque nadando en mayonesa con capas de verduras inestables. También es un error preparar esta ensalada justo antes de que lleguen tus invitados: lo mejor es hacerla con antelación; así, una cantidad moderada de mayonesa tendrá tiempo suficiente para impregnar el conjunto.

Borsch

MarynaVoronova / Getty Images
MarynaVoronova / Getty Images

Hoy en día, con la llegada de interpretaciones culinarias contemporáneas, existen tantas recetas de borsch como cocineros. Pero aun así, hay un canon establecido en el que puedes apoyarte.

Normalmente, el borsch se basa en un caldo rico que requiere carne de calidad —carne de res con hueso—, además de mucha paciencia. Una forma sencilla de arruinarlo es verter agua hirviendo sobre la carne en lugar de agua fría, y luego hervirla a llama fuerte sin retirar la espuma. Con eso tendrás garantizada una baba pegajosa acumulándose en los bordes de la olla y un caldo turbio.

La característica principal del borsch es su color intenso, gracias a la remolacha. La forma más fácil (y peor) de prepararlo es poner todas las verduras en la olla al mismo tiempo y seguir hirviendo. Entonces las patatas se volverán anaranjado-rosadas y las remolachas perderán su color. Los cocineros suelen añadir pasta de tomate, jugo de limón o un poco de vinagre a las remolachas cuando las rehogan, para evitar que acaben convertidas en un desastre anaranjado. Es importante no exagerar, para que tu borsch no sea visualmente atractivo pero excesivamente ácido. La remolacha se añade a la sopa al final de la preparación: así no teñirá al resto de verduras y tampoco perderá su color.

Blini

Ekaterina Markelova / Getty Images
Ekaterina Markelova / Getty Images

Los blini son un plato hecho con ingredientes sencillos, pero no es tan fácil prepararlos a la primera. Incluso el error más pequeño puede ser fatal.

Si tu objetivo es convertir tus blini en grumos, entonces utiliza los ingredientes directamente del refrigerador: en ese caso no verás burbujas y la masa saldrá mal. Añade demasiado azúcar a la mezcla y tus blini se quemarán en la sartén. O añade muy poca harina y tus blini se romperán antes de llegar al plato o a tu boca. ¿Quieres freírlos en cuanto prepares la masa? En realidad… no lo hagas. La masa necesita unos treinta minutos para que todos los ingredientes se integren bien.

Tus blini se pegarán a la sartén con total seguridad si no la calientas previamente. También puedes “obsequiar” a tus parientes con blini medio crudos si no te molestas en darles la vuelta. ¡Masa cruda, un manjar!

Aspic de pescado

Legion Media
Legion Media

«¡Qué porquería es esto, vuestro aspic de pescado!», dice un personaje de la famosa película soviética La ironía del destino (o ¡Feliz baño!).

Basta con dejar en el aspic la cola del pescado, las espinas o las escamas para que tu “porquería” esté lista. Si usas un pescado que ya no está muy fresco y que no sirve para otros platos, tendrás recuerdos duraderos de ese aspic… y no buenos. Por desgracia, ningún pescado viejo se volverá fresco por el hecho de estar dentro de una gelatina.

Otra forma de arruinarlo es añadir demasiada gelatina. No habrá milagro: solo obtendrás una gelatina gomosa y elástica. Lo mejor es seguir estrictamente la receta y elegir un pescado que contenga mucho colágeno, de modo que el caldo se solidifique por sí solo. El salmón, el bacalao, el salmón atlántico, la trucha, la lucioperca o el salmón rosado funcionarán bien.

Otro mal consejo es poner el pescado dentro del recipiente y verter todo el caldo de una vez. Si quieres un aspic que luzca apetitoso, no hagas eso. Según las reglas establecidas, el pescado no debe tocar el fondo del recipiente, sino que debe quedar en medio de la gelatina.

Así es como se logra un buen resultado: primero vierte solo una parte del caldo en el molde, colócalo en un sitio frío y, cuando esa capa inferior se haya solidificado, añade el pescado, las verduras y el resto del caldo. Si quieres hacerlo todo de una vez, coloca primero las verduras y las hierbas en el fondo y solo después añade el pescado.