‘La Gloria de Catalina’ y el nacimiento de la flota rusa del mar Negro

Puerta a Rusia (Foto: OpenAI, El Museo de la Marina en Sebastopol)
Puerta a Rusia (Foto: OpenAI, El Museo de la Marina en Sebastopol)
El 27 de septiembre de 1783 entró oficialmente en servicio el acorazado de 66 cañones ‘La Gloria de Catalina’ (‘Slava Ekaterina’), el primer navío de línea de la Flota rusa del mar Negro. Años más tarde sería rebautizado como ‘Transfiguración del Señor’, pero su papel fundador ya estaba asegurado: marcó el inicio real del poder naval ruso en el sur del imperio, en un momento clave de expansión y conflicto con el Imperio otomano.

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La historia del barco está estrechamente ligada a la creación del astillero de Jersón, inaugurado en 1778 para superar las limitaciones de los antiguos centros navales del Don y el mar de Azov, demasiado poco profundos para grandes buques de guerra. Como podemos leer en la Biblioteca Presidencial Borís Yeltsin, bajo la dirección de ingenieros extranjeros al servicio de Rusia y de maestros carpinteros locales, como Semión Afanásiev, se desarrolló un diseño adaptado a las condiciones del mar Negro: cascos más afilados, menor calado y buena maniobrabilidad. La construcción no estuvo exenta de dificultades (epidemias de peste, escasez de madera y problemas logísticos), pero el proyecto salió adelante.

Dominio público San Petersburgo. Almirantazgo. Grabado de A. Zúbov.
Dominio público

Durante la guerra ruso-turca de 1787–1791, ya como ‘Transfiguración del Señor’, el navío participó en las principales operaciones navales bajo el mando de figuras como Marko Voinóvich y, más tarde, Fiódor Ushakov.

Dominio público Fiódor Ushakov
Dominio público

Combatió en acciones decisivas como Fidonisi, Kerch, Tendra y Kaliakria, resistió violentas tormentas y cumplió su función como buque de línea en un teatro naval aún en formación.

Kosov Vladimir (CC-BY-SA-4.0) Batalla de Fidonisi. 1788. 
Kosov Vladimir (CC-BY-SA-4.0)

Aunque su vida operativa fue relativamente corta (fue desguazado en 1794), su legado fue duradero: demostró que Rusia podía construir y mantener grandes buques de guerra en el mar Negro y sentó las bases de una flota que pronto se convertiría en una fuerza decisiva en la región.