Un día como hoy, hace 85 años, comenzó la batalla de Moscú
Además de Telegram, Puerta a Rusia difunde contenidos en su página de VKontakte. ¡Únete a nosotros!
Para el asalto decisivo, los alemanes concentraron casi la mitad de todas las fuerzas de las que disponían en el Frente Oriental: 1,8 millones de hombres. El Ejército Rojo contaba con 1,2 millones de soldados, muy castigados por los combates anteriores, que debían defender un frente de 600 kilómetros. Se prepararon intensamente para rechazar la ofensiva, pero antes del comienzo de ‘Tifón’ no habían conseguido crear unas líneas defensivas suficientemente sólidas.
Contrariamente a lo que esperaba el mando soviético, la Wehrmacht no avanzó por la ruta más corta, siguiendo la carretera Minsk-Moscú, sino que lanzó varios ataques de gran intensidad contra los puntos de unión entre los ejércitos soviéticos, en zonas de difícil acceso para los vehículos. De este modo consiguió penetrar en la retaguardia soviética.
La orden de retirada llegó demasiado tarde y cientos de miles de soldados quedaron atrapados en “bolsas”. En sus intentos por escapar del cerco, algunas divisiones perdieron hasta el 90% de sus efectivos.
La catástrofe abrió una enorme brecha en las defensas soviéticas y obligó a enviar al combate todas las fuerzas disponibles, incluidos los cadetes de las academias militares. Durante varios días, el pánico se apoderó de la capital, acompañado por la huida de parte de la población, saqueos y robos.
El 30 de noviembre, el enemigo ocupó la localidad de Krásnaya Poliana, situada a 30 kilómetros del Kremlin. El mando de la Wehrmacht estaba convencido de que el Ejército Rojo estaba prácticamente acabado. Sin embargo, los generales alemanes ignoraban que sus propias tropas se encontraban extremadamente sobrecargadas y agotadas por la feroz resistencia soviética. Tampoco sabían que en la ciudad se estaban concentrando nuevas reservas.
Los días 5 y 6 de diciembre, las tropas de varios frentes soviéticos lanzaron, para sorpresa del enemigo, una gran contraofensiva y obligaron a la desconcertada Wehrmacht a retroceder entre 100 y 250 kilómetros de la capital. En algunos sectores, la retirada se convirtió en una huida presa del pánico.
Hitler, enfurecido, destituyó a varios altos mandos militares. Entre ellos se encontraba Guderian, quien posteriormente escribiría en sus memorias: “La ofensiva sobre Moscú fracasó. Todos los sacrificios y esfuerzos de nuestras valientes tropas fueron en vano”.