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Hace 360 años nació el zar Iván V, corregente de Pedro el Grande

Dominio público
Ambos eran hijos del zar Alejo Mijáilovich, aunque de distintas esposas: Iván era hijo de María Miloslávskaya y Pedro, de Natalia Naríshkina. Iván era el mayor y, en 1682, le correspondía ocupar el trono. Sin embargo, una parte de la nobleza encabezada por los Naríshkin impidió que esto sucediera y entregó el poder a Pedro, que entonces tenía diez años.

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Tomaron esta audaz decisión debido a la delicada salud del heredero. Desde niño, Iván había sufrido problemas en el aparato locomotor y en la vista, y se caracterizaba por su pasividad, su carácter reservado y su completa apatía hacia los asuntos de Estado. Prefería los oficios religiosos a las intrigas de la corte, aunque con el paso de los años llegó a faltarle fuerza incluso para asistir a ellos.

Museo Ruso

Aunque Iván, que tenía quince años, reaccionó con indiferencia al ver cómo le arrebataban el poder, los Miloslavski, que lo apoyaban, no estaban dispuestos a tolerarlo. Lograron atraer a su causa a los streltsí, las tropas regulares de mosqueteros, y organizaron una sangrienta represalia contra sus adversarios políticos. Ante los ojos del joven Pedro, muchos de sus familiares y allegados fueron brutalmente asesinados. El muchacho guardaría durante toda su vida un profundo odio hacia los streltsí. Muchos años después, tras sofocar una rebelión de estos soldados, llegó a decapitar personalmente a algunos de ellos.

Ese mismo año, 1682, la nobleza alcanzó un compromiso: los dos hermanos se convirtieron en corregentes y su hermana Sofía, perteneciente a la familia Miloslavski, asumió la regencia. Incluso se construyó un trono especial con dos asientos. En el respaldo se practicó una abertura a través de la cual Sofía podía indicar a los jóvenes lo que debían decir. Siete años más tarde, Pedro, ya adulto, apartó a su hermana del poder y la recluyó en un convento.

El 8 de febrero de 1696, Iván V murió sin haber cumplido los treinta años. Embajadores extranjeros recordaron que, poco antes de su muerte, el joven les parecía un anciano ciego y paralítico. Pedro I quedó entonces como único soberano de Rusia, pero el legado de Iván no desapareció: en 1730, su hija Ana Ioánovna ascendió al trono ruso.