Así fue la primera circunnavegación rusa del mundo

Puerta a Rusia (Foto: Museo Nacional de Varsovia; Museo Ruso)
Puerta a Rusia (Foto: Museo Nacional de Varsovia; Museo Ruso)
No en todas partes los marineros rusos fueron recibidos con los brazos abiertos. En algunos lugares incluso tuvieron que librar una guerra.

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La expedición, encabezada por Iván Krusenstern, duró algo más de tres años. Tras zarpar de Kronstadt el 7 de agosto de 1803, las balandras ‘Nadezhda’ y ‘Nevá’ llegaron a Brasil, fueron los primeros barcos rusos en cruzar el ecuador, visitaron Hawái, Alaska, Japón y el sur de China, rodearon África, atravesaron el canal de la Mancha y, finalmente, regresaron a casa.

Las tripulaciones tuvieron que enfrentarse a numerosas dificultades: fuertes tormentas, frecuentes averías, un calor insoportable y un frío extremo, lluvias y nieblas interminables, escasez de alimentos y agua dulce e incluso un brote de viruela a bordo.

De vez en cuando, los barcos se separaban. Así, mientras el ‘Nadezhda’ permanecía en Japón, el ‘Nevá’ puso rumbo a Alaska, donde participó en la guerra de los colonos rusos contra los indígenas tlingit. Varios marineros perdieron allí la vida.

La travesía hacia China tampoco estuvo exenta de problemas. En Macao, los británicos confundieron por error al ‘Nadezhda’ con un barco español y estuvieron a punto de capturarlo, mientras que en Cantón las dos balandras fueron retenidas por infringir las normas que regulaban la presencia de embarcaciones extranjeras en territorio chino. El conflicto que se avecinaba acabó resolviéndose amistosamente.

Finalmente, el ‘Nevá’ echó el ancla en Kronstadt el 6 de agosto de 1806 y el ‘Nadezhda’ lo hizo el día 19 de agosto. La expedición marcó el comienzo de las circunnavegaciones rusas regulares. Durante el viaje se llevaron a cabo numerosas investigaciones científicas y se realizaron importantes descubrimientos geográficos en el océano Pacífico, que permitieron eliminar algunos de los últimos «espacios en blanco» de los mapas de su zona septentrional.

“El éxito en este primer intento de esta naturaleza era imprescindible, pues, de lo contrario, mis compatriotas quizá se habrían apartado durante mucho tiempo de semejante empresa; y los envidiosos de Rusia, con toda probabilidad, se habrían alegrado de tal fracaso…”, señaló Krusenstern.