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¿Por qué se conoce a Alejandro III como el ‘Zar Pacificador’?

"Recepción de los ancianos de los distritos rurales por Alejandro III en el patio del Palacio Petrovski", de I. Repin, 1885 — 886
Dominio público
El monarca recibió este sobrenombre porque, durante todo su reinado, entre 1881 y 1894, el Imperio ruso no participó en ninguna guerra. Y eso a pesar de que tuvo que hacer frente a numerosos desafíos internacionales: el deterioro de las relaciones con Alemania, la rivalidad con Austria-Hungría en los Balcanes y el llamado ‘Gran Juego’ con el Reino Unido por la influencia en Asia Central.

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Sin embargo, ninguno de estos conflictos desembocó en una guerra a gran escala. En gran medida, ello se debió a la actitud prudente y equilibrada de Alejandro III y de su ministro de Asuntos Exteriores, Nikolái Girs, quienes apostaron por el diálogo y la búsqueda de compromisos con las demás potencias. Al mismo tiempo, defendieron con firmeza los intereses nacionales de Rusia y evitaron hacer concesiones que pudieran perjudicar al país.

Uno de los momentos más delicados de su reinado fue el conflicto fronterizo con el Emirato de Afganistán en el río Kushka, en 1885. Los afganos contaban con el respaldo de Londres y varios oficiales británicos actuaban como asesores militares de sus tropas. El ejército ruso obtuvo una clara victoria en el enfrentamiento, pero gracias a la labor diplomática se evitó un choque directo entre los imperios ruso y británico.

“Me alegro de haber estado en la guerra y de haber visto con mis propios ojos todos los horrores que inevitablemente la acompañan. Después de eso, creo que cualquier hombre con corazón no puede desear la guerra, y que todo gobernante al que Dios haya confiado un pueblo debe hacer todo lo posible por evitar sus horrores. Solo si sus adversarios lo obligan a entrar en guerra, entonces el pecado, las maldiciones y todas las consecuencias de ese conflicto recaerán sobre quienes lo provocaron”, afirmaba el monarca, que había participado en la guerra ruso-turca de 1877-1878.

Tras la muerte del zar en 1894, el periódico Moskovskie Védomosti escribió: “Toda Europa lo reconocía como el Pacificador y, en los últimos años, se había acostumbrado a pensar y creer que, mientras Alejandro III viviera, la paz entre las naciones estaba garantizada”.