¿Por qué la esposa de Nicolás II intentaba ahorrar en todo?

Colección Románov, General Collection, Beinecke Rare Book and Manuscript Library, Yale University
Colección Románov, General Collection, Beinecke Rare Book and Manuscript Library, Yale University
Incluso los hijos del zar dormían en duras camas de campaña y cada mañana se bañaban con agua fría.

Además de Telegram, Puerta a Rusia difunde contenidos en su página de VKontakte. ¡Únete a nosotros!

Alejandra Fiódorovna, nacida princesa Alix de Hesse-Darmstadt, creció en la pequeña y modesta corte alemana de Darmstadt. Su abuela era la célebre reina Victoria de Inglaterra, en cuya corte imperaba un espíritu puritano. Aquellos años determinaron su actitud hacia el dinero. Como escribió Anna Vírubova, amiga íntima de la emperatriz: “Educada en una pequeña corte, la soberana conocía el valor del dinero y por eso era ahorradora”.

Royal Collection
Royal Collection

Las damas de honor recordaban que la emperatriz era capaz de reparar el encaje de un vestido viejo en lugar de encargar uno nuevo. Inculcó sistemáticamente a sus hijas la moderación y el ahorro. Las grandes duquesas dormían en duras camas de campaña y cada mañana se bañaban con agua fría. Los vestidos y los zapatos pasaban de las hermanas mayores a las menores. La propia emperatriz, modesta tanto en su forma de vestir como en la elección de sus peinados, no permitía que sus hijas se engalanaran demasiado.

Royal Collection
Royal Collection

En el diario de Alejandra Fiódorovna aparece esta anotación: “Los niños deben aprender a renunciar a sí mismos. No podrán tener todo lo que desean. Deben aprender a renunciar a sus propios deseos por el bien de otras personas”.

El historiador Ígor Zimin señala que aquello no era tacañería, sino un hábito adquirido desde la infancia.

Colección Románov, General Collection, Beinecke Rare Book and Manuscript Library, Yale University
Colección Románov, General Collection, Beinecke Rare Book and Manuscript Library, Yale University

La paradoja de Alejandra Fiódorovna era que, como emperatriz, estaba obligada a gastar mucho dinero. Dicho en términos actuales, formaba parte de sus obligaciones oficiales. Su presupuesto anual para vestuario ascendía a 40.000 rublos. Esta cantidad equivalía a los ingresos anuales de una hacienda media de un terrateniente. La prenda más cara de su guardarropa fue el vestido de coronación de 1896, que costó al erario 5.857 rublos.

Museo del Kremlin de Moscú
Museo del Kremlin de Moscú

Sin embargo, estos gastos representaban únicamente entre el 15 y el 17 % del presupuesto personal de la emperatriz. Su asignación anual del Estado era de 200.000 rublos. Una cuarta parte se destinaba al vestuario, otra cuarta parte a regalos y el resto a obras de caridad, ayudas y pensiones.

La emperatriz procuraba destinar el dinero que ahorraba a ayudar a los necesitados. Cuando en 1898 Rusia sufrió una hambruna, entregó 50.000 rublos de sus propios fondos a los damnificados. Con el comienzo de la Primera Guerra Mundial, los gastos personales de la familia imperial se redujeron al mínimo: todos los recursos se destinaron a las necesidades del frente y de los hospitales.