5 maneras de arruinar tu carrera en la Unión Soviética
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La carrera profesional de un ciudadano soviético dependía en gran medida de su integración en el sistema político y administrativo del Partido. Todo contaba: la apariencia, las conversaciones privadas, la vida familiar... Cualquier desviación podía interpretarse como una muestra de falta de lealtad.
1. Negarse a ingresar en el Partido Comunista (PCUS)
El Partido no era simplemente una fuerza política, sino el eje de toda la estructura del Estado. Ser miembro del PCUS era la llave de acceso a la nomenklatura, es decir, al conjunto de los principales cargos directivos: directores de fábricas, jefes de departamento, rectores universitarios, jueces, fiscales, etc.
Una persona sin afiliación podía llegar, por ejemplo, a jefe de taller o responsable de un laboratorio, pero difícilmente obtendría un cargo superior. Además, el carné del Partido facilitaba el acceso a viviendas gratuitas y a codiciadas plazas vacacionales subvencionadas. Sin él, estos beneficios resultaban mucho más difíciles de conseguir.
2. Mostrar públicamente tus creencias religiosas
El ateísmo era la ideología oficial del Estado. La religión se consideraba un «vestigio del pasado» y la Iglesia era vista como una institución hostil o, en el mejor de los casos, ajena a la construcción del socialismo.
Asistir públicamente a la iglesia, bautizar a los hijos, llevar una cruz o celebrar festividades religiosas podía dar lugar a una reprimenda en una reunión del Partido o incluso al despido. Aunque la persona conservara el empleo, quedaba apartada de funciones relacionadas con la educación, la propaganda o la admisión de nuevos militantes.
3. Tener una ‘conducta inmoral’: malos tratos, adulterio, divorcio o alcoholismo
En la URSS la vida privada no era realmente privada, especialmente para quienes ocupaban cargos de responsabilidad. Los comités del Partido y los sindicatos vigilaban el “perfil moral” de los trabajadores tanto como sus resultados laborales.
El abuso del alcohol, las infidelidades, la violencia doméstica o los escándalos sentimentales podían acabar con la expulsión del Partido. Y ser expulsado del PCUS significaba, en muchos casos, perder el cargo y quedar vetado durante años para cualquier puesto de responsabilidad.
Además, los hombres y mujeres divorciados eran considerados con frecuencia candidatos poco adecuados para ocupar puestos relacionados con la autoridad moral, como director de una escuela o juez. Se decía: “Si no ha sabido sacar adelante a su familia, tampoco sabrá dirigir un colectivo”.
4. Rechazar las actividades sociales o cambiar constantemente de trabajo
El sistema soviético valoraba la estabilidad y la participación en la vida colectiva. La carrera ideal consistía en entrar en una fábrica como obrero y jubilarse siendo director.
Cambiar de empleo cada uno o dos años era visto con desconfianza. Los departamentos de personal consideraban a estos trabajadores poco fiables y rara vez los recomendaban para puestos directivos.
Participar en los sindicatos, ejercer de mentor de los jóvenes, colaborar con las patrullas ciudadanas, acudir a los subótniki (jornadas voluntarias de trabajo) o asistir a los desfiles festivos era, como se decía en tono de broma, “voluntario por obligación”. Quien se ausentaba era etiquetado como “individualista” y perdía numerosos incentivos sociales.
5. Mostrar ideas críticas, contar chistes políticos o vestir de forma llamativa
Todo aquello que se apartara del modelo soviético podía considerarse sospechoso. Bastaba una frase crítica con el poder, pronunciada durante una pausa para fumar, para que alguien presentara una denuncia.
Si el asunto llegaba al comité del Partido, el castigo podía ir desde una severa amonestación registrada en el expediente personal hasta la expulsión del PCUS, el despido o incluso un proceso penal por “propaganda antisoviética”.
Las corbatas de colores vivos, los pantalones estrechos, las camisas llamativas o el pelo largo en los hombres eran vistos por muchos dirigentes como signos de «influencia burguesa occidental» y de «inestabilidad moral». Quienes vestían así podían ser apartados de puestos de responsabilidad, expulsados de la universidad o despedidos de su trabajo.