A principios de la década de 1960, la URSS estuvo muy cerca de crear su propia versión de Internet

Mijaíl Ozersky / Sputnik
Mijaíl Ozersky / Sputnik
A finales de los años cincuenta, el científico y coronel Anatoli Kitov propuso implantar en la economía y la defensa soviéticas un sistema automatizado de gestión basado en ordenadores. Presentó la idea a Nikita Jrushchov, pero sus críticas al Ministerio de Defensa fueron demasiado lejos: fue destituido de su cargo e incluso expulsado del Partido Comunista.

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La idea fue retomada a comienzos de los años sesenta por el académico Víktor Glushkov, quien desarrolló el proyecto de la OGAS (Sistema Automatizado Estatal para la Gestión de la Economía). Se trataba de una enorme red informática que conectaría miles de centros de cálculo encargados de recopilar y procesar información. Los datos generados por las empresas de todo el país debían transmitirse hasta un centro principal en Moscú, donde el sistema realizaría cálculos y elaboraría previsiones sobre el desarrollo económico.

Esta “informática sin papel” podía reducir considerablemente la influencia del factor humano, acelerar los procesos de cálculo y proporcionar un nuevo impulso a la economía soviética. Sin embargo, el coste solicitado por Glúshkov para poner en marcha el proyecto fue considerado excesivo por las autoridades. Sus argumentos de que la inversión se amortizaría en pocos años no convencieron a nadie. Además, muchos funcionarios rechazaban la idea de una red única que no tuviera en cuenta los intereses específicos de cada ministerio. Finalmente, solo se le permitió aplicar parcialmente el proyecto en determinados sectores industriales.

El interés por la OGAS resurgió a finales de los años sesenta, cuando en Estados Unidos se desarrolló ARPANET, la red precursora de Internet que conectaba instituciones militares, educativas y administrativas. “Entonces también empezaron a preocuparse aquí”, recordaría más tarde Glushkov.

Sin embargo, el proyecto renovado quedó atrapado en interminables trámites burocráticos y solo llegó a materializarse parcialmente gracias a la iniciativa de entusiastas locales, cansados de esperar el apoyo del Estado.