¿Qué hizo la URSS para intentar lograr la victoria del comunismo en todo el mundo?
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“Si los pueblos sublevados de Europa no aplastan el imperialismo, nosotros seremos aplastados, eso es indudable. O la revolución rusa levantará un torbellino de lucha en Occidente, o los capitalistas de todos los países estrangularán nuestra revolución”, afirmaba Lev Trotski en 1917.
El ‘incendio’ en Europa
Los bolcheviques comenzaron a avivar el “incendio de la revolución mundial” casi inmediatamente después de tomar el poder. La situación era favorable: la Primera Guerra Mundial provocó una grave crisis, los imperios se derrumbaban y el orden que parecía inquebrantable se desmoronaba, mientras el movimiento obrero, inspirado por los acontecimientos en Rusia, cobraba fuerza en todas partes.
Reproducción del cuadro «El año dieciocho» de los pintores Guennadi Mosin y Mijaíl Brusilovski
En 1919, por iniciativa de Lenin, se creó el Komintern (Internacional Comunista), que unió a los partidos comunistas de distintos países. Generosamente financiada por la Rusia soviética, esta organización luchaba por la victoria del comunismo en todo el mundo tanto por medios legales como ilegales.
Vladímir Lenin en el presídium del I Congreso de la Internacional Comunista (Komintern)
Mientras en Rusia ardía la Guerra Civil, los bolcheviques observaban atentamente lo que sucedía en Europa. La aparición de repúblicas soviéticas en Hungría, Eslovaquia y Baviera en 1919 fue proclamada como el inicio de la “era de la revolución comunista proletaria mundial”. Sin embargo, Moscú no pudo prestarles un apoyo significativo y, pocos meses después, fueron derrotadas.
Cartel propagandístico soviético de 1918 (artista: A. Zelenski; fragmento del poema «Los doce» de A. Blok)
Al no poder iniciar la “revolución mundial” desde dentro de Europa, los bolcheviques intentaron llevarla desde fuera, en el marco de la guerra soviético-polaca de 1919–1921. El comandante Mijaíl Tujachevski declaró entonces abiertamente: “A través del cadáver de la Polonia blanca pasa el camino hacia el incendio mundial. ¡En nuestras bayonetas llevaremos la felicidad a la humanidad trabajadora! ¡Hacia Occidente!”. Sin embargo, la derrota en Varsovia truncó estos planes.
Cartel (1919): «¡Y no lo duden! Éxitos del Ejército Rojo en la campaña de mayo-junio de 1919»
El ‘incendio’ en Asia
En Asia, Moscú apostó no tanto por movimientos socialistas como por movimientos nacionalistas, anticoloniales y antioccidentales. A pesar de sus propios problemas, prestó gran ayuda al gobierno turco de Mustafa Kemal Atatürk y al partido Kuomintang de Chiang Kai-shek en China.
Chiang Kai-shek asume la presidencia de la República de China
En 1919 surgió la idea de lanzar una campaña militar hacia la India. “No hay duda de que en los campos asiáticos de la política mundial nuestro Ejército Rojo es una fuerza mucho más significativa que en los europeos (afirmaba Trotski). El camino hacia la India puede resultar para nosotros en este momento más corto que el camino hacia la Hungría soviética”. Sin embargo, debido a la ofensiva otoñal de los blancos, esta idea fue abandonada.
También fracasó la idea de una “revolución budista-comunista” en el Tíbet, pero Moscú sí logró sovietizar Mongolia e incorporarla firmemente a su esfera de influencia. La República Popular se convirtió en un aliado fiel de la URSS hasta el colapso del sistema soviético.
Ajuste de rumbo
A mediados de la década de 1920, la dirección soviética comprendió que no lograría encender el “incendio” en el extranjero. El partido adoptó el rumbo de construir el “socialismo en un solo país” y de establecer relaciones con las potencias capitalistas.
En política exterior, Moscú comenzó a guiarse más por consideraciones pragmáticas que ideológicas. Así, en 1929, durante la guerra civil en Afganistán, apoyó al rey afgano Amanulá Kan, aliado suyo, en lugar de a las masas rebeldes.
En la Constitución de 1936 ya no se mencionaba la “unión de los trabajadores de todos los países en una República Socialista Soviética Mundial”. Y en 1943, Stalin disolvió el Komintern, al que siempre había calificado como un grupo de “parásitos que viven a nuestra costa”.
Sin embargo, la URSS nunca renunció a la posibilidad de expandir el comunismo cuando la situación geopolítica lo permitía. Tras la Segunda Guerra Mundial, se establecieron regímenes socialistas en Europa del Este, y posteriormente Moscú y Washington iniciaron una lucha por la influencia en Asia y África.
La Unión Soviética apoyó activamente movimientos anticoloniales y revolucionarios en todo el mundo. Los países aliados recibieron ayuda financiera y militar-técnica, y los diplomáticos soviéticos defendieron sistemáticamente sus intereses en la ONU. No obstante, la mayoría de estos regímenes socialistas dependían exclusivamente del apoyo de la URSS y tras su colapso, también se derrumbaron rápidamente.