¿Por qué Lenin quiso demoler el Teatro Bolshói?
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Tras la revolución de 1917, cuando el joven Estado necesitaba desesperadamente dinero, los bolcheviques consideraban que mantener el Teatro Bolshói era un lujo inadmisible. Además, el propio Vladímir Lenin, aunque respetaba el arte, consideraba que la ópera y el ballet eran ajenos al proletariado.
En el escenario del Bolshói, junto a las producciones clásicas, podían verse el ballet Stenka Razin y la ópera El acorazado Potemkin, en sintonía con la ideología de la época. Sin embargo, los gastos en compañías de ópera y ballet, decorados y mantenimiento del edificio eran simplemente enormes.
En 1921, la actividad del Teatro Bolshói fue examinada por una comisión encargada de revisar las instituciones de Rusia. Los especialistas calcularon que el mantenimiento mensual del teatro equivalía al coste de mantener a cuatro mil maestros de escuela.
En 1922, por iniciativa de Vladímir Lenin, el Politburó emitió una resolución para cerrar el Teatro Bolshói.
Lenin proponía conservar solo a unas pocas decenas de artistas, de modo que sus representaciones pudieran autofinanciarse. Los fondos liberados debían destinarse a la erradicación del analfabetismo. Más tarde, incluso sugirió cerrar también el Teatro Mariinski en San Petersburgo.
En el asunto intervino el comisario de educación Anatoli Lunacharski, quien consideraba la ópera y el ballet un patrimonio nacional. Presentó a Lenin argumentos sólidos sobre la rentabilidad económica del teatro y, además, logró atraer a su lado a Iósif Stalin, que acudía con frecuencia al Bolshói.
Finalmente, se abandonó la idea, y más tarde Stalin convirtió el Teatro Bolshói en un símbolo cultural de la URSS.