Uno de los edificios más antiguos de Moscú son las cámaras del Viejo Patio Inglés, en la calle Varvarka. Este lugar se convirtió en la primera representación oficial de una potencia extranjera en la ciudad, combinando funciones de embajada y centro comercial.
Todo comenzó con un desastre marítimo. En 1553, una expedición inglesa intentaba encontrar una ruta septentrional hacia China, pero, tras rodear Escandinavia, sus barcos quedaron atrapados en una tormenta helada. Solo una nave sobrevivió, bajo el mando del capitán Richard Chancellor, que fue arrastrada hasta la desembocadura del río Dviná Septentrional.
Para sorpresa de los ingleses, los habitantes locales los recibieron con hospitalidad, y el capitán partió hacia Moscú para entrevistarse con el entonces joven Iván el Terrible.
El zar necesitaba establecer contactos con Europa y concedió a los ingleses el derecho a comerciar sin aranceles. En Inglaterra, la propuesta fue bien recibida, lo que llevó a la creación de la Compañía de Moscú.
En 1556, Iván el Terrible cedió a los comerciantes ingleses unas cámaras de piedra blanca de principios del siglo XVI, cerca del Kremlin, que habían pertenecido al boyardo Iván Bobríshchev. Así nació el Patio Inglés en el corazón de Moscú, que funcionó durante casi un siglo.
En 1649, tras la ejecución del rey Carlos I en Londres, el zar Alejo I consideró el hecho una afrenta y expulsó a los ingleses. Las cámaras pasaron a manos de boyardos; más tarde, allí se abrió una de las primeras escuelas de Pedro el Grande y, en época soviética, el edificio llegó incluso a convertirse en viviendas comunitarias.
Hoy en día, el Viejo Patio Inglés es un museo, inaugurado en 1994 con la participación de la reina Isabel II.