¿Por qué los soviéticos usaron un ARMA TERMONUCLEAR para apagar un fuego infernal?

Kira Lisitskaya (Foto: Nazar Furyk, mr6/ZUMA Press/Global Look Press)
Kira Lisitskaya (Foto: Nazar Furyk, mr6/ZUMA Press/Global Look Press)
El incendio destructivo ardió durante casi tres años antes de ser apagado de la forma más insólita imaginable.

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Después de que los soviéticos descubrieran enormes reservas de gas natural en Uzbekistán, esta parte de la URSS se convirtió en la principal región productora de gas del país. Sin embargo, algo salió mal y uno de sus yacimientos clave terminó convirtiéndose en un desastre provocado por el hombre de una magnitud inimaginable.

Fuego infernal

Fotograma del documental «Extinción con una carga nuclear. 1074 días de combustión».
Fotograma del documental «Extinción con una carga nuclear. 1074 días de combustión».

La emergencia sin precedentes en el yacimiento de gas de Urta-Bulak ocurrió el 1 de diciembre de 1963. Durante las perforaciones, una plataforma golpeó accidentalmente un reservorio de gas con una presión anormalmente alta, lo que provocó una liberación masiva de gas natural. El equipo de perforación fue destruido por la presión y el gas inflamado encontró una vía de escape.

Una llama gigantesca, de hasta 70 metros de altura, se elevó en el aire. El volumen de gas natural era tan enorme y la presión tan intensa que resultó imposible extinguir ese fuego infernal durante tres años, pese a numerosos intentos.

Ingenieros soviéticos desesperados utilizaron múltiples métodos para intentar apagar el incendio, que no solo desperdiciaba un recurso valioso, sino que también amenazaba con devastar la naturaleza en los alrededores. Con el tiempo, las zonas cercanas a la llama se convirtieron literalmente en tierra quemada.

«Todo lo que podía arder alrededor llevaba mucho tiempo ya consumido. Ahora era un suelo muerto y abrasador. No quedaba lugar alguno para la vida. Por la noche, bandadas de aves migratorias y nubes de insectos, atraídos por la luz, caían en esta danza de muerte y, al precipitarse, se quemaban, a menudo incluso antes de tocar el suelo», escribió en su diario el jefe de la operación de extinción, Kamil Mangushev.

La llama también dificultaba el tráfico aéreo de las tripulaciones que volaban hacia y desde la India y el Sudeste Asiático.

Finalmente, con ayuda de excavadoras, se construyó un dique protector de arena alrededor de la antorcha para intentar limitar su impacto en la zona circundante. Sin embargo, esta solución era claramente temporal, ya que no extinguía el fuego. Entonces, los científicos soviéticos propusieron algo extraordinario: utilizar una explosión termonuclear para apagar el incendio.

La explosión

Fotograma del documental «Extinción con una carga nuclear. 1074 días de combustión».
Fotograma del documental «Extinción con una carga nuclear. 1074 días de combustión».

Al detonar una bomba termonuclear cerca del origen de la llama, los científicos esperaban destruir el conducto por el que escapaba el gas.

La llamada “Oficina de Diseño Nº 11”, situada en la ciudad de Sarov, en la región de Nizhni Nóvgorod, recibió el encargo de llevar a cabo esta arriesgada misión. Los empleados de esta oficina ya habían estudiado el uso de armas nucleares con fines pacíficos. Ahora era el momento de poner a prueba esos conocimientos en la práctica.

La tarea se complicaba por el hecho de que el densamente poblado centro regional de Bujará, una de las ciudades más antiguas y bellas de Uzbekistán y de Asia Central en su conjunto, se encontraba a unos 200 kilómetros de distancia. Otras ciudades más pequeñas también estaban situadas cerca del posible epicentro de la explosión.

Aun así, las autoridades soviéticas decidieron actuar. La fecha de la explosión subterránea fue aprobada personalmente por Brézhnev: el 30 de septiembre de 1966. Para entonces, la antorcha llevaba ardiendo 1.074 días.

En la fecha prevista, una carga nuclear de 30 kilotones —el doble de potente que la bomba estadounidense «Little Boy» detonada sobre Hiroshima— fue introducida a través de un túnel inclinado hasta una profundidad de 1.500 metros.

Finalmente, todo estuvo listo y la explosión sacudió la tierra. El fuego continuó ardiendo solo 22 segundos después de la detonación, antes de extinguirse para siempre. La explosión desplazó las capas de roca y selló el pozo de gas. El fuego infernal fue extinguido con éxito mediante un método extremadamente poco convencional: la explosión de un arma termonuclear.

El aparente éxito de la explosión en Urta-Bulak dio origen a un nuevo método para apagar incendios masivos en yacimientos de gas. Por ejemplo, un año y medio después, otro incendio en el yacimiento de Pamuk, también en Uzbekistán, fue extinguido utilizando el mismo método.