5 factores que vincularon a la actriz francesa Marina Vladi con Rusia
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1. Nació en una familia de emigrantes rusos
Marina Vladi, cuyo nombre de nacimiento era Ekaterina-Marina Poliakova-Baidárova, nació en Francia en el seno de una familia de emigrantes rusos. Su padre era un cantante de ópera que había abandonado Rusia durante la Primera Guerra Mundial, mientras que su madre, Militsa Envald, procedía de la familia de un general ruso.
Sobre su vínculo con la cultura rusa, Vladi afirmaba: “Soy rusa, solo que con pasaporte francés”.
2. Se hizo famosa en la URSS gracias a la película ‘La hechicera’
En 1956, Vladi protagonizó la película La hechicera, basada en el relato Olesia, de Alexánder Kuprín. La cinta se estrenó en los cines soviéticos en 1959 y obtuvo un éxito arrollador: solo durante su primer año fue vista por unos 36,5 millones de espectadores.
Ese mismo año, la actriz viajó por primera vez a la URSS con motivo de la Semana del Cine Francés. En Moscú fue recibida como una auténtica estrella.
“Recuerdo que salí del coche y se abalanzaron sobre mí multitudes de chicas, cada una de las cuales era una copia de mí: con el pelo suelto y flequillo. Me llenaron de besos y acabé completamente cubierta de pintalabios”, recordaba Vladi.
3. Se convirtió en la musa de un cantautor soviético
En 1967, durante una visita a la URSS, conoció a Vladímir Visotski, popular actor, poeta y cantautor soviético.
Según contaba él mismo, había quedado fascinado por la actriz después de verla en La hechicera. Al contemplarla en la pantalla, aseguró que algún día se convertiría en su esposa.
En 1970 se casaron y Vladi se convirtió en su musa. Visotski le dedicó varias canciones y poemas. Después de la boda, ella comenzó a viajar regularmente a la URSS y su vida matrimonial transcurrió entre Francia y la Unión Soviética.
Para facilitar sus desplazamientos, Vladi llegó incluso a afiliarse al Partido Comunista Francés.
Tras la muerte de Visotski en 1980, la actriz escribió el libro de memorias Vladímir o el vuelo interrumpido.
4. Participó en películas soviéticas y rusas
Su primera participación en una producción soviética fue en 1969, cuando intervino en la película franco-soviética Un argumento para un pequeño relato, dirigida por Serguéi Yutkévich. Interpretó a Lika Mizínova, musa de Antón Chéjov.
“Nueve meses de rodaje, un invierno frío”, recordaba Vladi. “Trabajábamos terriblemente despacio. Al principio aquello me irritaba. Los sábados eran días libres y, desde mi punto de vista, se desperdiciaba muchísimo tiempo… Solo cuando comprendí lo que significaba el tiempo 'a la rusa', entendí aquella manera de trabajar. El tiempo no es dinero: el ser humano tiene ante sí la eternidad”.
Aquella experiencia no fue la única. En 1985 interpretó a Markó Vovchok en la serie de televisión soviético-búlgara En busca del capitán Grant. En 1991 participó en la película rusa Los bebedores de sangre y, un año después, encarnó a Catalina II en la producción ruso-japonesa Sueños sobre Rusia.
5. Entregó su correspondencia a los archivos rusos
Durante décadas, Vladi conservó fotografías, objetos personales y cartas relacionados con Visotski.
En 2004 entregó al Archivo Federal de Rusia (Rosarjiv) la correspondencia que ambos habían mantenido, compuesta por 446 cartas. Su principal condición fue que se respetara la confidencialidad: pidió que las cartas no se publicaran mientras ella viviera.
En 2015, parte de los objetos de Visotski pertenecientes a la colección de Vladi fueron puestos a la venta en una subasta celebrada en París.
La subasta provocó una gran repercusión en Rusia. Entre los lotes figuraban pertenencias personales del poeta, su máscara mortuoria y el último poema que había dedicado a su esposa.
Vladi explicó así su decisión de desprenderse de aquellos recuerdos: “Paso página en mi vida y me lanzo hacia el futuro”.